martes, 16 de agosto de 2011

Super Salmonella: se originó en Egipto y ya se ha extendido por Europa y EE.UU.


Los sistemas de vigilancia epidemiológica de Francia, Reino Unido, Dinamarca y Estados Unidos han identificado la aparición de una cepa de Salmonella resistente a varios antibióticos y con un alto nivel de resistencia al antibiótico ciprofloxacina. La alarma surge porque la ciprofloxacina es el antibiótico empleado en las infecciones severas por Salmonella.


Esta cepa resistente a la ciprofloxacina se denomina
 Salmonella enterica Kentucky ST198.

Se han detectado cerca de 500 casos humanos ocurridos durante el período 2002-2008, según un estudio publicado en Journal of Infectious Diseases. Estos aislamientos proviene todos de un mismo origen, un mismo clon que probablemente se originó en Egipto a finales de los 90 y que se ha ido extendiendo por varios países. Parece ser que este clon se ha transmitido a través de las aves de corral.

Las infecciones por Salmonella son un problema de salud pública en todo el mundo. Solo en América del Norte se producen cada año alrededor de 1,7 millones de infecciones, con unos 2.800 muertos. En Europa se registraron más de 1,6 millones de casos entre 1999 y 2008.

En la mayoría de los casos las infecciones por Salmonella provocan sólo una gastroenteritis leve con dolor de estómago, fiebre y diarrea. Sin embargo, niños, personas mayores o quienes tienen sistemas inmunológicos débiles corren más riesgo de enfermar gravemente por la bacteria. Estas infecciones más graves son las que suelen tratarse con ciprofloxacina.

Como ocurre en otras bacterias, como Mycobacterium, la aparición de cepas multi-resistentes a los antibióticos demuestra que un control apropiado y una vigilancia continua son necesarios a nivel internacional para limitar su extensión. Además, vuelve a concienciarnos de la importancia del buen uso de los antibióticos.

International Spread of an Epidemic Population of Salmonella enterica Serotype Kentucky ST198 Resistant to Ciprofloxacin. Le Hello S, et al. J. Infect. Dis. 2011, 204 (5): 675-684.

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