lunes, 29 de julio de 2013

No beses al sapo, … ni a la tortuguita: tienen Salmonella!


“Y la bella princesita le dio un beso al sapo que se convirtió en un apuesto príncipe azul. Y fueron felices y comieron perdices”. Así acabó el cuento.


No se si comieron muchas perdices, pero lo más probable es que la princesita no fuera tan feliz y se cogiera una salmonelosis, y no por la salsa mayonesa que acompañaba a las perdices. Besar un sapo, otros anfibios o reptiles como las tortugas no es nada recomendable.

Se sabe desde hace ya varios años que algunos anfibios y reptiles que la gente tiene en su casa como mascotas pueden trasmitir Salmonella, la bacteria que causa la salmonelosis: una gastroenteritis aguda que cursa con náuseas y vómitos, dolor abdominal, diarrea, fiebre y escalofríos, dolor de cabeza y musculares, y en algunos casos sangre en las heces (pobre princesita!). Los signos y síntomas de infección por Salmonella generalmente duran de cuatro a siete días, aunque puede tardar varios meses para que tus intestinos vuelvan a la normalidad. En algunos casos, la intoxicación por Salmonella puede incluso resultar en complicaciones graves o potencialmente mortales. El uno por ciento de los pacientes pueden quedar como portadores crónicos de la Salmonella.

Estas mascotas suponen un riesgo de infección especialmente para niños pequeños, que tiene más probabilidad de llevarse a la boca los dedos u otros objetos que pudieron haber entrado en contacto con los microbios. En concreto, hay varios casos de infección transmitida por las tortuguitas de agua dulce.


Las tortuguitas se venden como mascotas ideales para los niños.
Por ejemplo, el galápago de agua dulce Trachemys scripta, conocida como tortuga de orejas rojas. En EE.UU. este tipo de tortuguitas están prohibidas como mascota desde 1975!.

Hace unos meses, el CDC (Centers for Disease Control and Prevention) realizó un estudio de un total de 132 casos de salmonelosis humana por la bacteria Salmonella Paratyphi B.  La media de edad de los pacientes era de 6 años, y la mayoría habían tenido contacto con tortugas pequeñas de agua dulce. En cinco de las peceras que guardaban las tortugas fue incluso posible aislar la bacteria. Es un ejemplo concreto que ilustra que estas tortuguitas son una fuente de infección humana de salmonelosis, especialmente en niños pequeños. Recientemente se han descrito también en EE.UU. ocho brotes de salmonelosis causadas por estas tortugas, con un total de 391 afectados en 41 estados y que han supuesto hasta 63 hospitalizaciones (para más información). Se calcula que solo en EE.UU. de los 1,5 millones de casos de salmonelosis que hay cada año, unos 74.000 son atribuidos a la exposición a reptiles.

Estas cosas no solo ocurren en EE.UU. Son más frecuente de lo que pensamos, y aquí en Europa y en España, por ejemplo, ya se han descrito algunos casos (ver).

Estos ejemplos pueden representar la punta del iceberg en cuanto al papel de estos reptiles en la transmisión de Salmonella. Se deberían promover normativas específicas en los puntos de venta de mascotas así como información y educación a las familias que pretenden comprar un animal de este tipo. No es recomendable este tipo de mascota para los niños pequeños que tiene un sistema inmune todavía en desarrollo. Como siempre algo tan simple como enseñar a lavarse bien las manos después de tocar las mascotas puede evitar que el príncipe azul sea en realidad una Salmonella.


Notes from the field: outbreak of salmonellosis associated with pet turtle exposures--United States, 2011Centers for Disease Control and Prevention (CDC). MMWR Morb Mortal Wkly Rep. 2012 Feb 3;61(4):79.

La Fuente S, et al. (2013). Salmonella paratyphi B and Salmonella litchfield outbreaks associated with pet turtle exposure in Spain. Enferm Infecc Microbiol Clin, 31 (1), 32-35 DOI: 10.1016/j.eimc.2012.05.013

lunes, 15 de julio de 2013

Microbiología y periodismo: una relación simbiótica


Recientemente se ha celebrado en L´Hospitalet de Llobregat (Barcelona) el XXIV Congreso Nacional de Microbiología de la Sociedad Española de Microbiología (SEM). Tuve el gusto de organizar y moderar, junto con Manuel Sánchez Angulo (@ManoloSanchezA), el simposio “Microbiología y periodismo: una relación simbiótica”, del grupo D+D (Docencia y Difusión de la Microbiología).

Tuvimos la suerte de contar con un cartel de primera: Cristina Ribas (@cristinaribas), Presidenta de la Asociación Catalana de Comunicación Científica (ACCC); José Antonio López Guerrero, más conocido en los ambientes como JAL (@JALGUERRERO),  Profesor Titular de Microbiología del Departamento de Biología Molecular de la Universidad Autónoma de Madrid y Director de Cultura Científica del CBMSO; Mercè Piqueras (@lectoracorrent), escritora y editora científica de International Microbiology; y el mismo Manuel Sánchez Angulo, Profesor de Microbiología del Departamento de Producción Vegetal y Microbiología de la Universidad Miguel Hernández, bloguero y responsable de las cuentas de Facebook, Twitter y Scoop.it de la SEM.

Cristina Ribas habló sobre “Comunicación de la ciencia en el siglo XXI: de la divulgación a la participación social de la ciencia”: el conocimiento es público y la ciencia necesita debate. El diseño de la investigación debe incluir la opinión de los ciudadanos. Presentó iniciativas como patientslikeme un portal web que pone en contacto pacientes, profesionales de la salud y laboratorios, y que han conseguido iniciar determinados ensayos clínicos que les interesaban a los propios pacientes. Según Cristina, hay que dar un nuevo enfoque a la comunicación científica, el 2.0 de la comunicación, poniendo al mismo nivel a los ciudadanos y a los científicos.  La educación científica no debe ser paternalista. La ciencia debe estar al servicio de la gente, nos debe capacitar para cambiar el mundo, el conocimiento nos hace más libres y las opiniones deben estar basadas en hechos.


Por su parte, la presentación de JAL fue sobre “La divulgación científica desde la poyata del laboratorio”. Recordó datos de la FECYT sobre el nivel cultural científico de España, que está a la cola del de Europa; los médicos y los científicos son los profesionales más valorados; y a la gente (además del futbol) le interesan los temas de medicina y salud, energía y medio ambiente. Un problemas es que los mismos científicos no tienen suficiente cultura científica y si no actuamos la pseudociencia  llenará el espacio que deja la ciencia. Según JAL, todo el mundo tiene derecho a expresarse pero no a opinar: hay mucho charlatán y pseudocientífico. Pidió también que se evalue la actividad divulgativa del científico. Sin Ciencia -y su comunicación social-, ¡No hay futuro!


Manuel Sánchez con su ponencia “Sensacionalismo y microbios: ¿ausencia de malicia o primera plana?" nos ilustró con recientes ejemplos de “prensa amarilla” científica. Nadie lee el segundo párrafo y al periódico le interesan los titulares, la inmediatez: el periódico de hoy sirve para envolver el bocadillo de mañana. Puso en entredicho muchos titulares y personajes, y nos hizo preguntarnos cómo compaginar un buen titular que enganche al púbico con la exactitud y el rigor científico.


Para cerrar las intervenciones, Mercè Piqueras nos habló sobre “Comunicar, pero comunicar bien. Sin mensajero no hay mensaje”. ¿Quién debe comunicar?: el que sepa hacerlo. Puso algunos ejemplos como el Master de Comunicación científica, médica y ambiental de la Pompeu Fabra, para periodistas y científicos, el Campus Gutemberg, las TED talks, o el concurso FameLab, … En las carreras de ciencias no se estimula para la comunicación, no se enseña a comunicar. Todo se puede divulgar, pero hay que saber hacerlo, sin aburrir y manteniendo el rigor. Animó a que los científicos, los que puedan y sepan hacerlo, dediquen parte de su tiempo a la comunicación y divulgación, actividades que deben ser evaluables. También recordó que a veces los errores en la presa, salen de los mismos gabinetes de prensa de las propias universidades. 

Conclusión: hay mucha simbiosis!. Desgraciadamente no hubo mucho tiempo para el debate, pero puede continuar después del Congreso gracias a lo que ya se mencionó: las redes sociales. Muchas gracias a todos y seguimos!

martes, 2 de julio de 2013

Las bacterias influyen en la frecuencia y cantidad de flatulencias (pedos, con perdón)


Ya se que suena mal el título de esta entrada, pero tienes que tener en cuenta que hay personas que sufren de problemas intestinales y evacuan una gran cantidad de gases, y te puedes imaginar que no lo deben pasar muy bien ni ellos ni los de su alrededor. En definitiva, se trata de un problema de salud y por eso hay científicos que se dedican a estudiar este tipo de cosas.


Las flatulencias (ventosidades, meteorismo, gases intestinales o pedos) se producen cuando quedan residuos de alimentos en el colon, que no se han absorbido bien y se fermentan por las bacterias intestinales, lo que produce gases que se expulsan por el ano. El volumen que se expulsa depende principalmente de dos factores: la dieta y la composición y actividad metabólica de las bacterias del colon.

Un grupo de investigadores catalanes han publicado en la revista GUT un interesante estudio sobre la influencia de la dieta en la evacuación de gas intestinal y en las bacterias del colon, en pacientes con problemas de flatulencia. Con este trabajo lo que querían saber es: (1) el efecto de la dieta en la frecuencia de evacuaciones de gas y en el volumen de gas evacuado; (2) si el número y volumen de gas evacuado es mayor en pacientes que sufren de flatulencia que en personas sanas; y (3) si hay una relación entre la dieta, la evacuación de gas y las bacterias intestinales.

Para ello, han comparado dos tipos de dietas, una normal y otra que causa flatulencia (rica en alubias y habas, leche, cebollas, brócoli, coles, alcachofas, …) en 20 personas sanas y 30 pacientes con problemas de flatulencia. Con la dieta normal, las personas sanas producían gases unas 7 veces al día, mientras que los pacientes lo hacían 22 veces, aunque el volumen de gas total liberado era similar, unos 260 mL en 6 horas. Con la dieta flatulenta, aumentaba la frecuencia de evacuaciones en los dos grupos, así como el volumen de gas evacuado (hasta 660 mL). O sea, que con la dieta flatulenta, más cantidad y más frecuentes. Una conclusión es que no son recomendables este tipo de dietas ni para ti ni para tus vecinos.  Otra conclusión es que los paciente con problemas de flatulencia no es que expulsen más volumen de gases sino que lo hacen más veces, no es problema de cantidad sino de frecuencia.

Para el estudio de las bacterias (la microbiota intestinal),  tomaron muestras fecales (un total de 100), les extrajeron el DNA total, amplificaron por PCR secuencias especificas del ADN de las bacterias, las secuenciaron y las analizaron bioinformáticamente. Con la dieta normal, la composición de bacterias en las personas sanas y en los pacientes con flatulencia era muy similar: el 50% de Firmicutes, 46% de Bacteroidetes, 2,3% de Proteobacterias y 1,3% de Actinobacterias, siendo los géneros Bacteroides y Prevotella los más frecuentes. Sin embargo, la dieta flatulenta modifica la composición de la microbiota del colon. En concreto, se reduce la diversidad de bacterias en los pacientes con flatulencia. ¿Hay alguna relación entre las bacteria y la frecuencia de flatulencias y el volumen de gas expulsado?. Parece que sí. Los resultados de este trabajo demuestran que la bacteria Bacteroides fragilis se correlaciona con el número o frecuencia de flatulencias, mientras que la bacteria Bilophila wadsworthia es responsable del volumen o cantidad de gas expulsado.

En definitiva, la dieta influye en la flatulencia, en los síntomas abdominales y problemas digestivos, y también en la estabilidad de las bacterias intestinales. Los pacientes con problemas de flatulencia tienen una peor tolerancia al gas intestinal que está asociada a la inestabilidad de su ecosistema microbiano.

Como ves, la próxima vez debes echarle la culpa a las bacterias. Lo que no te voy a contar es cómo los investigadores medían el volumen de gas intestinal expulsado por los pacientes.

Anal gas evacuation and colonic microbiota in patients with flatulence: effect of diet.
Manichanh C, et al. Gut. 2013 Jun 13. [Epub ahead of print]