jueves, 27 de diciembre de 2018

EL UNIVERSO INVISIBLE QUE COMPARTES CON TUs MASCOTAS

Tu perro, tu gato y tú compartís mucho más de lo que imaginas. Y no me refiero a vuestro día a día o a vuestro amor. Con tu perro compartes microbios o, en términos científicos, microbiota. Aunque a primera vista podría parecerte desagradable, desempeña un papel imprescindible en tu salud y en la suya. Aquí te explico los secretos de esos desconocidos microorganismos para ayudarte a entender el impacto que tienen en tu salud y en la de tus mascotas.


Si te interesa saber más sobre el tema:

- El poder de los cachorros (de "El rincón de Pasteur", Investigación y Ciencia)

- Ponga un perro en su vida (de "Microbios desde el Museo, A vivir Navarra, Cadena SER)

viernes, 7 de diciembre de 2018

El virus VIH: conoce tu estado



Diagnóstico + tratamiento = prevención

Cada año en diciembre se celebra el Día Mundial de la Lucha Contra el SIDA, esta vez con el lema “Conoce tu estado”. En el nuevo capítulo de la serie “Los microbios en el museo” de #microBIOscope te explico cómo funciona el autodiagnóstico del VIH.


SIDA: diagnóstico = prevención

No existe un solo tipo de virus VIH, hay varios tipos, grupos y subgrupos de virus VIH. Hoy no cabe ninguna duda de que el origen de todos ellos son retrovirus de simios, virus de diferentes primates que en distintos momentos históricos han pasado y se han adaptado al ser humano.  Todos además se han originado en distintas zonas de África.


Hay muchos tipos, grupos y subgrupos del virus VIH.

Al comparar las secuencias de los genomas de los VIH humanos y de retrovirus de simios (SIV), podemos concluir lo siguiente. El virus VIH-1 del grupo M es el más antiguo y debió aparecer en las primeras décadas de 1900 a partir de retrovirus de chimpancés. Alrededor de los años 20 se originó el virus del grupo O,  relacionado con retrovirus de gorilas, lo mismo que el P. La aparición del grupo N quizá sea de alrededor de los años 60, relacionado con retrovirus también de chimpancés. El VIH-2 es el más reciente, entre los años 60-70, y parece estar relacionado con los retrovirus de un tipo de macacos. Por tanto, el origen de los virus VIH está en los retrovirus de primates (SIV), de distintos tipos de primates, que en momentos concretos y en varias ocasiones a lo largo del último siglo fueron adaptándose al ser humano.


El origen del VIH son los retrovirus de simios, diferentes virus de primates que en distintos momentos históricos han pasado y se han adaptado al ser humano. Fuente ref 1.

Sobre el futuro del SIDA hay que ser optimista. Aunque de momento no haya una vacuna y los efectos secundarios de la terapia sean importantes, los tratamientos actuales antirretrovirales han conseguido hacer del SIDA una enfermedad crónica: se pueden estar muchos años con tratamiento con una calidad de vida aceptable y evitando que aparezcan los síntomas del SIDA.

Además, cada vez hay más datos que demuestran que el tratamiento antirretroviral temprano tiene unos efectos beneficiosos tanto para las personas infectadas por el HIV como para sus parejas no infectadas. Por tanto, el tratamiento es prevención, y los beneficios de la terapia antirretroviral son una esperanza que puede ayudar a controlar la transmisión del SIDA de manera eficaz.

Por eso, si queremos acabar con el SIDA el objetivo para los próximos años se resume en 90-90-90:
i)              conseguir que el 90% de las personas que viven con el VIH conozcan su estado serológico,
ii)              que el 90% de las personas seropositivas tengan acceso al tratamiento,
iii)           que el 90% que tengan acceso al tratamiento logren una represión viral efectiva.

Se trata en definitiva de mejorar el acceso al diagnóstico, a los tratamientos y al seguimiento de los enfermos. De esta forma se quiere reducir las nuevas infecciones por el VIH. Lógicamente otro de los objetivos es conseguir CERO discriminación con la persona infectada por el virus.

Para conseguir estos objetivos, es fundamental insistir en la combinación de prevención, diagnóstico y tratamiento. Según datos del Centro para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos, más del 14% de la personas que viven con el virus VIH nunca han sido diagnosticadas. Todo el mundo debería tener acceso a las pruebas diagnósticas para, si el resultado es positivo, poder comenzar un tratamiento médico cuánto antes y poder reducir el riesgo de transmitir el virus a otras personas.

La combinación de prevención, diagnóstico y tratamiento reducirá significativamente la incidencia del SIDA

Por eso, hoy explicamos en qué consiste el autotest del virus VIH. Es una prueba muy sencilla que te puedes hacer tú solo en casa. Se compra en las farmacias por unos 29 euros, aproximadamente. Se trata de una prueba de inmunocromatografía que detecta los anticuerpos que se producen tras una infección por el virus VIH en la sangre.


El test incluye un dispositivo de prueba, un tapón con una solución amortiguadora, y un soporte. Además, contiene una lanceta para obtener una gota de sangre de la yema del dedo, toallita desinfectante, compresa de algodón y tirita. Lo primero que tenemos que hacer es colocar el tapón con la solución amortiguadora dentro del soporte. Luego nos lavamos bien las manos con agua, las secamos y limpiamos el dedo con la toallita desinfectante. Colocamos la lanceta sobre la yema del dedo hasta que notemos el pinchazo. Apretamos hasta que se forme una gota de sangre, limpiamos con la compresa y volvemos apretar para formar una segunda gota de sangre.

A continuación, colocaremos el dispositivo con la punta hacia debajo de forma que toque la gota de sangre y la punta del dispositivo se llene de sangre. Introduciremos con fuerza el dispositivo en el soporte y nos aseguraremos que atraviesa el tapón con la solución amortiguadora, para que ésta suba por capilaridad por el papel indicador que hay dentro del dispositivo y en menos de un minuto veremos una mancha rosa que empapa el dispositivo. Ya nos podemos poner la tirita en el dedo. Esperamos 15 minutos para leer el resultado.

En la tira de papel del dispositivo están inmovilizados dos tipos de antígenos. Por una parte, unos para controlar que el test funciona correctamente y otros para detectar los anticuerpos anti-VIH presentes en la sangre. Así, si el test ha funcionado correctamente y el resultado es NEGATIVO, deberá aparece una línea control. Y si el resultado es POSITIVO, esto es hay anticuerpos anti-VIH en la muestra, aparecerá una segunda línea. Una línea resultado negativo, dos líneas resultado positivo.  ¿Y si no aparece ninguna línea? El resultado no es válido, el test no ha funcionado bien y no se puede extraer ninguna conclusión.


Si el resultado es positivo debes consultar al médico lo antes posible, para realizar una prueba de confirmación. Si el resultado es negativo, debes tener en cuenta que existe un periodo de tiempo necesario para que aparezcan una cantidad de anticuerpos anti-VIH suficientes para ser detectados, que se denomina periodo ventana. Así que si sospechas que quizá hayas estado expuesto al virus, deberías repetir el test al menos tres meses después. De cualquier forma, lo mejor SIEMPRE consultar con el médico.

También debes tener en cuenta que, como todos los test de diagnóstico, este no es 100% fiable, aunque según indica el prospecto todas las personas infectadas por el VIH que realizaron un estudio obtuvieron un resultado correcto, y solo el 0,2% de las personas no infectadas obtuvieron un resultado positivo, falso positivo.

Recuerda, la combinación de prevención, diagnóstico y tratamiento reducirá significativamente la incidencia del SIDA en un futuro no muy lejano. Sobre el futuro del SIDA hay que ser optimista, pero un diagnóstico precoz es esencial.

Para saber más:

(1) Origins of HIV and the AIDS Pandemic. Sharp, P.M., y col. Cold Spring Harb Perspect Med. 2011; 1(1): a006841.



Con la colaboración de:



Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT) - Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades (antes Ministerio de Economía, Industria y Competitividad)

martes, 20 de noviembre de 2018

Bacterias gigantes


Las bacterias se ven a simple vista: ¿verdadero o falso?

Te lo cuento en este capítulo de la serie "Los microbios en el museo" de #microBIOscope:




Siempre nos ha sorprendido el encontrar en la naturaleza animales de tamaños excepcionales. En el océano viven las especies más grandes del planeta. Lo primero que seguro nos viene a la cabeza son esas imágenes de calamares gigantes. Algunos pueden llegar a tener una longitud de 13 m desde la punta de la aleta hasta las puntas de los dos tentáculos más largos. Estos calamares, del género Architeutis, son los invertebrados más grandes que existen. Sabemos muy poco de ellos porque viven las profundidades de los océanos, a miles de metros de profundidad. De hecho, han sido los restos encontrados en los estómagos de los cachalotes los que han permitido conocer las características anatómicas de estos cefalópodos. Las primeras fotografías tomadas de estos calamares con vida y en su medio naturales son de 2004, y la primera película es de finales de 2006.


Este tipo de calamares es un magnífico ejemplo de lo que se conoce como gigantismo abisal. Existen muchos invertebrados en las profundidades marinas que son de gran tamaño, mucho mayor que el de las especies similares que viven en aguas someras o en la superficie terrestre. Por ejemplo, algunos pulpos, el centollo japonés, el arenque rey, o algunas especies de caracoles y bivalvos.

¿Por qué las especies más grandes viven en los océanos? 

En primer lugar, en el medio acuático nuestro peso es despreciable. La gravedad obliga a los animales que viven en la superficie de la tierra a soportar con sus patas su propio peso. Así, cuanto más grande sea un animal, más fuerte y pesado tendrá que ser su esqueleto. Por ello, en la práctica existen límites físicos al tamaño que un organismo puede alcanzar en tierra. En el mar, nuestro peso se contrarresta por el peso equivalente a nuestro volumen en agua, así que podemos decir que no es un problema porque  flotamos. El tamaño de los animales marinos ya no es un limitante para el movimiento (aunque sí lo es su forma).

En segundo lugar, el océano ofrece un recurso alimenticio tremendamente abundante que no puede encontrarse en el medio terrestre. Suspendidas en el agua de los océanos podemos encontrar enormes cantidades de nutrientes (y organismos) que pueden alimentar a numerosas especies, que viven “simplemente” de lo que se encuentran flotando. Existen miles de especialistas en filtrar el agua del océano: desde gigantes como las ballenas, hasta otros más pequeños, como las esponjas, los corales o los mejillones. Una ballena azul es capaz de meterse varios miles de litros de agua de un solo “bocado”, y junto a ellos varios kilos de alimento. También se ha sugerido que el gigantismo de algunos animales marinos sea una adaptación a la pérdida de calor.

¿Y qué pasa con las bacterias? 
¿Cuál es la bacteria más grande que se conoce? 

El tamaño medio de una bacteria, como Escherichia coli por ejemplo, es de unas pocas micras (un micra es un millón de veces más pequeño que un metro, un milímetro equivale a 1.000 micras). Como el poder de resolución del ojo humano es de unos 0,2 mm (200 micras), dos puntos que estén más cerca de esa distancia no vamos a poder verlos como separados. Por eso, necesitamos microscopios para poder ver las bacterias.


Bacillus spp. al microscopio óptico (1.000 aumentos). El tamaño medio de estas bacterias es de unas pocas micras. Tinción negativa con tinta china.

Pero en biología no hay dogmas, excepto el dogma de que siempre hay excepciones al dogma, y la biodiversidad microbiana es algo que no deja de sorprendernos. En 1993 se describió la que entonces fue la bacteria más grande jamás encontrada: Epulopiscium fishelsoni, con un tamaño de 80 x 600 micras, un gigante para el mundo microbiano, mil veces más grande que un E. coli. Se trata de un simbionte que aparece en el intestino de un pez (Acanthurus nigrofuscus) del mar Rojo y de la Gran Barrera de Coral de Australia. Por el tamaño, primero se pensó que era un protista, pero los análisis del 16S rRNA demostraron que se trataba de una bacteria Gram positiva, relacionada con los Clostridium formadoras de endosporas.


Compara el tamaño de Epulopiscium, un protista como Paramecium y la bacteria E. coli: ¡qué pasada!

Sin embargo, el honor de ser “la más grande” solo le duró a Epulopiscium tres años. En 1999 se descubrió una bacteria marina filamentosa capaz de oxidar el azufre, del grupo de las gamma-proteobacterias, con un tamaño de unas 750 micras: Thiomargarita namibiensis. Es una bacteria quimiolitotrófa capaz de oxidar el azufre y el nitrato, por eso los autores le pusieron ese nombre que significa “perlas de azufre de Namibia”. Forma cadenas de células y acumula en su interior altas concentraciones de nitrato en una inmensa vacuola, la cual es responsable del 98% de su tamaño. De momento, es la bacteria más grande que se conoce. Es tan grande que podemos verla a simple vista, sin necesidad de microscopios. 


Thiomargarita namibiensis, la perla del azufre de Namibia, la bacteria más grande que existe, ... de momento (750 micras).

Ser pequeño tiene sus ventaja. Cuanto más pequeña es una célula la relación superficie/volumen es mayor por lo que la difusión y el intercambio con el medio exterior es más eficiente, lo que permite un metabolismo más rápido y una mayor velocidad de crecimiento. Si el tamaño crece, acabarás necesitando más estructuras, más orgánulos, compartimentalizando las funciones. No sabemos bien cómo estas bacterias han sido capaces de  aumentar tanto su tamaño manteniendo la estructura procariota. Y de nuevo, las encontramos en los océanos.

Otra curiosidad: ¿y la bacteria más pequeña? En 2013 el grupo del microbiólogo Rodríguez-Valera, descubrieron un grupo de actinobacterias en el Mediterráneo con dos nuevas características que sorprendieron a la comunidad científica. Por un lado, la peculiaridad de su genoma con una cantidad muy baja (33%) de dos de sus componente esenciales, la guanina y la citosina. Y la otra propiedad es que son las bacterias de tamaño más pequeño hasta ahora descritas. Aunque estas bacterias no se pueden cultivar en el laboratorio, han demostrado que estas nuevas actinobacterias (que las denominan Candidatus Pelagibacter ubique) son de forma esférica y de un tamaño muy pequeñito, con un volumen estimado de 0,013 micras cúbicas. Son tan pequeñitas que, como los virus, no las podemos ver ni siquiera al microscopio óptico.

Para saber más:

The largest bacterium. Angert, E. R. y col. 1993. Nature. 1993. 362 (6417): 239-241.
Dense populations of a giant sulfur bacterium in Namibian shelf sediments. Schulz, H. N. y col. Science. 1999. 284 (5413): 493-495.
Big bacteria. Schulz, H. N. y col. Annual Review of Microbiology. 2001. 55: 105-137.DOI: 10.1146/annurev.micro.55.1.105 
Metagenomics uncovers a new group of low GC and ultra-small marine Actinobacteria. Ghai R, y col. Scientific Reports. 2013. 3: 2471.

Con la colaboración de:



Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT) - Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades (antes Ministerio de Economía, Industria y Competitividad)


lunes, 15 de octubre de 2018

La gripe del pato de 1918



¿De dónde viene la gripe?

Sobre la gripe de 1918 y los patos te lo cuento en este capítulo de la serie "Los microbios en el museo" de #microBIOscope:



Este mes de octubre se cumplen 100 años exactamente de la mayor epidemia de gripe que ha existido jamás: la pandemia (epidemia mundial) de gripe de 1918 o llamada gripe “española”. Se calcula que esta gripe causó más muertes en 25 semanas que el SIDA en 25 años. Mató a más personas en un año que la peste en la Edad Media en todo un siglo: entre 20 y 50 millones de personas murieron por la pandemia de gripe entre 1918 y 1919, muchas más muertes que en toda la Primera Guerra Mundial. Esta epidemia de gripe se diseminó más rápido que cualquier otra plaga. En solos tres meses se extendió por todo el planeta. En Europa el pico de mortalidad ocurrió entre los meses de octubre y noviembre de 1918.



Pero, ¿cuántos virus de la gripe distintos existen y de dónde vienen?

En realidad no hay un virus de la gripe, sino muchos tipos distintos. Probablemente, el virus de la gripe sea uno de los más variables que existen. Hay tres genotipos del virus: A, B y C. En humanos, la gripe A es la más frecuente, la responsable de las epidemias anuales; la B suele aparecer cada 2-4 años y suele ser menos problemática, una gripe más suave; y la gripe C es mucho menos frecuente y no suele causar epidemias.

El virus de la gripe está rodeado de una membrana o envoltura y tiene un genoma contenido en ocho fragmentos de RNA con información para diez proteínas. Dos de ellas, las denominadas hemaglutinina (que se abrevia con la letra H) y neuraminidasa (con la letra N) son proteínas de la envoltura y son muy importantes en la infección. Son también muy variables. Hasta ahora se conocen 18 subtipos distintos de H (H1, H2, H3, … H18) y 11 de N (N1, N2, N3, … N11). Así, el virus que lleva la H de tipo 1 y la N de tipo 1 en su envoltura, se denomina H1N1; el que lleva la H de tipo 1 y la N de tipo 2, se denomina H1N2, y así sucesivamente hasta H18N11, según las distintas combinaciones posibles entre estas dos proteínas del virus. Ahora entenderás por qué a veces se habla de la gripe de tipo H1N1, H3N2, H5N1, …



¿Y de dónde vienes esos virus? El virus de la gripe es un virus de patos. El reservorio o almacén de todos estos virus de la gripe (los de tipo A) son las aves acuáticas silvestres, en particular las de los órdenes Anseriformes (gansos, patos, etc) y Charadriiformes (gaviotas, charranes, fumareles, etc). Muchas de estas aves son migratorias, lo que facilita la diseminación global de los virus por todo el planeta. De vez en cuando algunos de estos virus infectan a otras especies animales, y terminan por adaptarse a éstas, dando lugar a los virus de la gripe de humanos, cerdos, caballos, incluso murciélagos y mamíferos marinos (ballenas, delfines y focas también tienen gripe). Esto significa que todos los virus de la gripe tipo A que existen en la actualidad, y que pueden aislarse en distintos animales, provienen en último término de los que infectan a estas aves silvestres. En las aves es donde podemos encontrar todas las combinaciones posibles de virus de la gripe, desde el H1N1 hasta el H18N11 (algunos subtipos concretos han sido identificados sólo en murciélagos). Los virus de la gripe, por tanto, tienen su origen en las aves y se van adaptando, en un proceso que puede durar décadas, a otros animales.

Ahora bien, no todos los tipos de virus gripales tienen la misma capacidad de causar una epidemia o pandemia en humanos. Para ello, deben ocurrir tres cosas al mismo tiempo: que el virus pueda infectar a las células humanas, que sea patógeno para los humanos y que se transmita entre personas. Por ejemplo, de los 18 subtipos de “H”, sólo seis se encuentran en la especie humana: tres (H1, H2 y H3) han conseguido adaptarse completamente a los humanos; y otros tres (H5, H7 y H9) producen casos esporádicos sin transmisión entre humanos. Igualmente, de los 11 subtipos “N” que se conocen en aves, solamente dos (N1 y N2) se encuentran en los virus de la gripe humanos, y otros dos lo hacen en virus que causan brotes esporádicos poco transmisibles (N7 y N9).


Además de esas múltiples combinaciones entre esas proteínas de la envoltura, las hemaglutininas y neuraminidasas, los virus de la gripe tienen una alta frecuencia de mutación y de recombinación entre ellos. A veces para que aparezca un nuevo virus pandémico ocurren “reordenamientos” o mezclas entre virus que infectan a la vez a un mismo animal. Esto ocurre con frecuencia en la especie porcina. El cerdo es una especie de tubo de ensayo o de “coctelera” que puede ser coinfectado a la vez por varios virus de la gripe distintos. Así, dentro del cerdo se facilita la “redistribución de genes” entre distintos tipos de virus gripales. De esta forma, el cerdo puede ser infectado por un amplio rango de virus de la gripe A tanto de aves como humanos y porcinos, incrementando las posibilidades de aparición de nuevos virus. Esta es la razón por la que no es recomendable tener juntos a muchos cerdos y patos juntos, cosa que desgraciadamente es muy frecuente en China.

Volvamos a 1918. En aquella época, la causa de la pandemia todavía era un misterio. El virus de la gripe no se aisló hasta 1933. Hace unos años se analizaron muestras de tejido pulmonar de una persona muerta por gripe en noviembre de 1918 y que se había mantenido enterrada y congelada en el permafrost en Alaska. A partir de esas muestras se pudo obtener y reconstruir el genoma completo de aquel virus. Pudieron así “resucitar” el virus de 1918. Los análisis moleculares descubrieron que aquel virus era un virus de la gripe A del tipo H1N1, y que provenía directamente de un virus de la gripe de aves.



Este virus de la gripe de 1918 fue 25 veces más mortal que otros virus de la gripe. Una característica peculiar fue su alta mortalidad entre personas jóvenes entre 20 y 40 años de edad. Sus efectos fueron devastadores, mataba rápidamente, en solos dos o tres días, y con síntomas hemorrágicos. También se ha comprobado que el virus de 1918 “resucitado” es muy virulento, causa la muerte en los ratones de laboratorio y en los embriones de pollo mucho más rápidamente que cualquier otro virus de la gripe humano conocido, y crece muy rápidamente en células humanas. Los virus que causan la gripe "normal" producen en los animales una respuesta inmune pasajera, estimulan nuestras defensas lo suficiente como para controlar la multiplicación del virus; por eso la gripe estacional o normal dura sólo unos días. Sin embargo, este virus de 1918 es capaz de causar una respuesta inmune anormalmente elevada, una reacción autoinmune masiva, que se conoce como “tormenta de citoquinas”, que en vez de controlar al virus, lo que permite es su multiplicación y diseminación de forma mucho más agresiva, dañando y destruyendo rápidamente los tejidos pulmonares. Afortunadamente, los antivirales actuales son efectivos contra este virus de 1918.

Ahora entenderás por qué a veces salen en las noticias que han sacrificado miles de pollos o patos que estaban infectados por algún tipo de virus de la gripe. La gripe humana es una zoonosis, un virus animal que se ha adaptado al ser humano. Una manera de controlar la aparición de un nuevo virus pandémico como el de 1918 es vigilar y neutralizar los virus de la gripe que circulan en la población de aves.

También te puede interesar:

- Cien años de la gripe “española” de 1918 (Investigación y Ciencia)

Con la colaboración de: 



Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT) - Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades (antes Ministerio de Economía, Industria y Competitividad)