jueves, 22 de febrero de 2018

El microbioma del estropajo



El primer estudio completo del microbioma del estropajo de cocina

En los países industrializados, pasamos más del 90% del tiempo dentro de los edificios. Los microbios que albergan estos ambientes cerrados, lo que los microbiólogos llamamos el microbioma de los edificios, puede tener cierto impacto en la salud y el bienestar de sus ocupantes. Dentro del ambiente doméstico, la cocina y el baño son auténticos incubadoras microbianos, debido a la constante inoculación de nuevos microbios -por la manipulación de alimentos o por nuestros propios microbios- favorecido además por el ambiente húmedo y la disponibilidad de nutrientes para los microbios. 

Sin embargo, a pesar de lo que mucha gente piensa, la cocina alberga muchos más microbios que el baño. La razón es que la superficie del inodoro suele ser lisa -lo que dificulta la adhesión de los microbios- y solemos esmerarnos en su limpieza. La cocina alberga uno de los mayores reservorios o almacén de microbios de toda la casa: el estropajo.


El estropajo de la cocina es el mayor almacén de microbios de toda la casa

Se ha demostrado que los estropajos de la cocina son el mayor foco de coliformes de toda la casa, después del sifón del desagüe. En los estropajos se han llegado a aislar bacterias patógenas como Campylobacter, Enterococcus cloecae, Escherichia coli, Klebsiella, Proteus, Salmonella o Staphylococcus. Por eso, hay personas que tienen la costumbre de hervir en agua caliente o de meter en el microondas el estropajo para limpiarlo e higienizarlo. Sin embargo, a pesar de lo que mucha gente cree estas prácticas no son muy efectivas, y no parece que reduzcan el número de bacterias mucho más del 60%. Los estropajos no sólo actúan como un almacén de microorganismos sino que también contribuyen a diseminarlos por todas las superficies de la cocina en las que se usen. Por eso, los estropajos se consideran una de los principales causas de los brotes de enfermedades transmitidas por alimentos.


Composición microbiana del estropajo. Los estropajos debido a su naturaleza porosa y a su capacidad de absorber agua y nutrientes es un lugar ideal para incubar microorganismos (Fuente: ref. 1).

Hasta ahora todas estas conclusiones se habían obtenido con estudios en los que se cultivaban las bacterias presentes en los estropajos. Se calcula que esta técnica del cultivo solo representa un 1-2% de todos los microorganismos que pueden estar presentes en la muestra -recuerda que la inmensa mayoría de los microorganismos son no cultivables, no sabemos todavía como crecerlos y cultivarlos en el laboratorio-. Por eso, un grupo de microbiólogos alemanes han aplicado las más sofisticas técnicas de biología molecular para analizar el microbioma completo del estropajo de cocina. Han obtenido el DNA completo de catorce estropajos de la cocina de distintos domicilios de una zona de Alemania. Algunos fueron lavados con agua hirviendo o en el microondas. Además incluyeron como "control" muestras de siete estropajos nuevos recién comprados en el supermercado. El DNA extraído de los estropajos fue analizado por pirosecuenciación del gen 16S RNA y los datos analizados bioinformáticamente. Además, los microbios presentes en los estropajos se estudiaron mediante microscopía confocal e hibridación in situ fluorescente (FISH-CLSM). Como ves , high-tech para estudiar el estropajo.

Los resultado de este trabajo son  impresionantes. Aunque los estropajos nuevos probablemente no estén estériles, no se encontraron bacterias en ellos, lo que sugiere que la colonización bacteriana de los estropajos es algo que ocurre durante su uso en la cocina. Se demostró que los estropajos estaban colonizado por 118 géneros bacterianos diferentes. El grupo más importante fue es de las Pseudomonas (68,5%), seguido del grupo Bacteroidetes (26,3%) y Actinobacteria (3,7%).

Otro dato interesante de este estudio es que cinco de los diez microorganismos más frecuentes en los estropajos son bacterias catalogadas como del grupo 2 de biopeligrosidad, potenciales patógenos aunque no supongan un gran peligro: Acinetobacter, Chryseobacterium y Moraxella. El resto eran del grupo 1 de biopeligrosidad, bacterias "ambientales” no patógenas. También es interesante que solo el 1% de los microorganismos pertenecían al grupo de las Enterobacterias y que aunque se detectaron Staphylococcus y Streptococcus su frecuencia fue mínima. A diferencia de otros trabajos anteriores, no se detectaron otros patógenos como Salmonella, Proteus y Campylobacter.

Moraxella, la bacteria de los estropajos

El género bacteriano más abundante fue Moraxella osloensis. Las Moraxellas se han detectado con frecuencia en la superficie de los fregaderos, puertas de las neveras y hornos, superficies que suelen limpiarse con esponjas y estropajos. Estas bacterias también se encuentran como parte de la microbiota de la piel humana, por lo que el contacto con las manos puede ser la fuente de Moraxella en las esponjas. Además, se ha sugerido que esta bacteria es la responsable de mal olor típico de la ropa húmeda y sucia de las lavanderías y de los estropajos usados. Cuando tu estropajo huele mal, la culpa es de Moraxella.

Más de 10.000 millones de bacterias por cm3

Los análisis mediante microscopía confocal e hibridación in situ fluorescente se llevaron a cabo para visualizar la distribución espacial de las bacterias en los estropajos, determinar la densidad bacteriana, y comparar la carga bacteriana en esponjas "limpias" y sin limpiar. Los resultados demostraron que la colonización bacteriana ocurría prácticamente en la superficie de la esponja, en forma de biofilms bacterianos. La mayoría de las células estaban metabólicamente activas, con un crecimiento activo. La carga microbiana era muy alta entre 2,5 y 5,4 x 1010 bacterias por cm3. Interesante, ese número no disminuía en las esponjas especialmente higienizadas por hervido o microondas.


Moraxella es un tipo de bacteria Gram negativa (Fuente)

Los autores del trabajo sugieren que el microbioma del estropajo también puede verse influenciado por el origen geográfico y cultural de los estropajos y de sus dueños: dependerá del tipo de alimentación, estilos de vida y limpieza, temperatura y humedad del lugar, …

No sea guarro y cambia de estropajo

Las esponjas y estropajos de cocina son un mecanismo para acumular, incubar y extender bacterias en las superficies de la cocina. Están en contacto con nuestras manos y los alimentos y pueden transmitir infecciones alimentarias. Se necesitan medidas extra de limpieza de los estropajos especialmente en ambientes donde haya personas inmunocomprometidas, enfermos, hospitales, residencias de ancianos, guarderías, … Hervir o meter en el microondas el estropajo no sirve para mucho, no reduce la cantidad de bacterias: las más débiles se eliminan, pero las más resistentes permanecen y se reproducen más. Puede cambiar la composición microbiana, pero no la cantidad de bacteria. Por ejemplo, estos sistemas de “limpieza” aumentaron la cantidad de Chryseobacterium hominis y Moraxella osloensis. Por tanto, eso de hervir o meter en el microondas el estropajo no es una práctica recomendable, lo mejor es cambiarlo por uno nuevo cada una o dos semanas.

Conclusión: los estropajos tienen una enorme cantidad de bacterias, mucha mayor diversidad microbiana de lo que se pensaba, y pocos patógenos humanos. Las medidas de higienización del estropajo son poco efectivas y lo mejor es cambiarlo con frecuencia.

jueves, 15 de febrero de 2018

¿Puede volver la gripe “española” de 1918?


Hace ahora 100 años la humanidad sufrió una de las pandemias más mortíferas de toda su historia: la gripe de 1918. Se calcula que esta gripe causó más muertes en 25 semanas que el SIDA en 25 años. Se diseminó más rápidamente que cualquier otra plaga. En solos tres meses se extendió por todo el planeta. Mató a más personas en un año que la peste en la Edad Media en todo un siglo: entre 20 y 50 millones de personas murieron por la pandemia de gripe entre 1918 y 1919, muchas más muertes que en toda la Primera Guerra Mundial. En Europa el pico de mortalidad ocurrió entre los meses de octubre y noviembre de 1918. Si miras los registros oficiales de nacimientos y defunciones durante el siglo XX de tu pueblo o ciudad me apuesto lo que quieras a que muy probablemente en octubre de 1918 las defunciones superaron a los nacimientos.


 Mortalidad de la gripe de 1918 en Nueva York, Londres, Paris y Berlín.

En 1918 la causa de la pandemia todavía era un misterio. El virus de la gripe no se aisló hasta 1933. Hace unos años se analizaron muestras de tejido pulmonar de soldados muertos por gripe en 1918 y los análisis moleculares demostraron que el virus de 1918 era del tipo A H1N1, y que surgió directamente de un virus de la gripe de aves, no necesitó mezclarse con otros virus para adaptarse al hombre y ser tan mortal. Una característica peculiar fue su alta mortalidad entre personas jóvenes entre 20 y 40 años de edad. Sus efectos fueron devastadores, mataba rápidamente, en solos dos o tres días, y con síntomas hemorrágicos. Parece ser que este virus de 1918 era capaz de causar una respuesta inmune anormalmente elevada, una reacción autoinmune masiva, que se conoce como “tormenta de citoquinas”, que en vez de controlar al virus, lo que permite es su multiplicación y diseminación de forma mucho más agresiva, dañando y destruyendo rápidamente los tejidos pulmonares. Hoy sabemos que la gripe del 1918 estaba asociada a complicaciones respiratorias secundarias por colonización de bacterias como Haemophilus influenza y Streptococcus pneumoniae que causan neumonías letales.


Barracones repletos de enfermos de gripe de 1918.

¿Podría la naturaleza generar nuevas cepas de gripe capaces de causar una pandemia tan devastadora como la de 1918? En ciencia el riesgo cero no existe. A lo largo del siglo XX ha habido otros virus pandémicos, la gripe asiática de 1957 con unos 5 millones se muertos y la gripe de Hong Kong de 1968 son casi 2 millones. Según datos de la OMS, las epidemias anuales de gripe estacional causan en todo el mundo unos 3 a 5 millones de casos de enfermedad grave y unas 250.000 a 500.000 muertes.


Origen de los virus pandémicos.

Un nuevo virus pandémico llegará, 
pero no tendrá las consecuencias de hace cien años

Hoy sabemos que unos pequeños cambios o mutaciones son suficientes para hacer que un virus de la gripe virulento se trasmita entre mamíferos por el aire. Por eso, es esperable que algún día aparezca una nueva cepa de gripe pandémica para la que población no esté previamente inmunizada, que sea fácilmente transmisible entre personas y pueda causar una alta mortalidad. Además, a diferencia de hace cien años, ahora la población mundial se ha triplicado, vivimos en grandes ciudades de más de diez millones de habitantes y viajamos con facilidad por todo el planeta (somos muchos, vivimos muy junticos y nos movemos mucho), todo esto facilita la transmisión de este tipo de virus respiratorios.

Sin embargo, hoy contamos con antibióticos que pueden controlar las infecciones bacterianas secundarias, antivirales contra los virus, antigripales, vacunas, conocemos mejor la biología del virus y nuestro propio sistema inmune, los sistemas de salud son mejores y están coordinados a nivel mundial, las condiciones sanitarias, higiénicas y nutricionales de la población también han mejorado y además podemos seguir el curso de una pandemia “a tiempo real”. Todos estos factores contribuyen a que en el caso de que aparezca un virus pandémico como el de 1918 las consecuencias no serán tan catastróficas como hace cien años.

De momento, la recomendación sigue siendo la vacunación. Según los últimos datos del Sistema de Vigilancia de la Gripe en España, durante esta temporada 2017/18 de gripe se han notificado 3.162 casos graves hospitalizados y 472 defunciones, con una mediana de edad de 83 años, el 98% presentaba factores de riesgo y el 50% no se había vacunado. ¿Habrían muerto esas personas si se hubieran vacunado? Ellas nunca lo sabrán.

Aquí te adjunto el último #microBIOscope -la ciencia de microBIO en video- sobre el tema:



Para saber más:







- Virus y pandemias. López-Goñi, I. 2015. Glyphos Publicaciones, Valladolid. Colección Naukas. ISBN: 978-84-943056-7-2