miércoles, 28 de marzo de 2018

Pamplona “libre de transgénicos”


No existe ninguna evidencia científica de que los transgénicos tengan 
un impacto negativo en la salud o el medio ambiente

Recientemente la Comisión de Urbanismo del ayuntamiento ha acordado declarar Pamplona “Zona libre de transgénicos”. Según han informado “el Ayuntamiento considera imprescindible en este proceso informar a la ciudadanía”. Sin pretender entrar en un debate político y con este objetivo de informar a la ciudadanía, un grupo de científicos de distintas instituciones navarras hemos consensuado el siguiente texto sobre las evidencias científicas contrarias a la postura de los colectivos anti-transgénicos.

Un transgénico es un organismo al que le han incorporado genes de otro ser vivo, de forma artificial mediante técnicas de ingeniería genética, para que produzca alguna característica nueva. Los transgénicos se conocen como OMG (Organismos Modificados Genéticamente). Sin embargo, el progreso científico y tecnológico está dando lugar a desarrollos que permiten obtener productos comparables o indistinguibles de aquellos que se obtienen mediante procesos naturales o técnicas convencionales. Éste es el caso de las nuevas técnicas de edición genómica como CRISPR que permiten introducir modificaciones precisas, de forma eficiente y versátil, proporcionando la posibilidad de desarrollar nuevos procesos y productos en ámbitos como la salud, la bioeconomía y la mejora vegetal, en beneficio del medio ambiente y la sociedad. De hecho, una variante agrícola desarrollada mediante estas técnicas podría dar lugar a una planta no transgénica y estar exenta de las obligaciones de la normativa que regula los OGMs. 

La modificación genética de los seres vivos se viene realizando desde que se tiene constancia de la existencia de la agricultura y la ganadería, mediante técnicas de domesticación, cruces e hibridaciones. El uso actual de la ingeniería genética y de las nuevas técnicas de edición del genoma simplemente ha posibilitado realizar esas modificaciones de forma más dirigida, controlada y mucho más segura.

A diferencia del ámbito social y político, a nivel científico no existe polémica o controversia alguna respecto a la seguridad de los OMG y en concreto de los cultivos transgénicos. Son cientos las entidades técnicas y científicas a nivel global que ratifican la seguridad de los cultivos transgénicos y sus productos derivados. Pondremos solo dos ejemplos recientes.

¿Sabías que todos los seres vivos tienen genes? 0_0

En 2016 la Academia Nacional de Ciencias de EE.UU. publicó la mayor revisión científica sobre el impacto de los OMG realizada hasta la fecha. Para elaborar este estudio emplearon datos de más de 30 años de investigaciones científicas. Las conclusiones son claras: los transgénicos no sólo son indistinguibles de otros organismos no modificados sino que no existe ninguna prueba de que tengan un impacto negativo en la salud o el medio ambiente. En el estudio se rechazan y desacreditan todos los mitos que rodean a los OMG. Este informe ha examinado los datos epidemiológicos de incidencia de cáncer y otros problemas humanos de salud a lo largo del tiempo y no ha encontrado evidencias de que los alimentos procedentes de transgénicos sean menos seguros que los convencionales: no hay ninguna diferencia para la salud entre el consumo de un producto transgénico y un vegetal que no lo es. Además, los OMG resistentes a plagas ya han supuesto un beneficio para la salud al reducir las intoxicaciones con pesticidas. Tampoco se ha encontrado ningún indicio que señale que el uso de OMG reduzca la biodiversidad en los campos donde se plantan, no se ha demostrado que provoquen ningún impacto en el medio ambiente, y no hay datos que puedan demostrar que los cultivos transgénicos contribuyen a la contaminación del planeta. En la agricultura, los transgénicos han permitido aumentar los beneficios económicos. En este informe se recomienda que las regulaciones de nuevos tipos de cultivo se hagan en base a cómo es el producto y no a cómo ha sido desarrollado, desaconseja marcar los OMG como tales en el etiquetado, y reconoce que no hay argumentos de salud pública que apoyen esa idea.

Durante todos estos años que se han empleado alimentos transgénicos, por ejemplo, el número de muertos por esta causa ha sido de … cero.

Ese mismo año, 131 premios Nobel de Medicina, Física y Química publicaron una carta pidiendo a Greenpeace y a los gobiernos de todo el mundo que abandonen su oposición y sus campañas en contra de los OMG. En dicho texto, se exigía que acabaran las campañas contra los cultivos y alimentos mejorados a través de la biotecnología en general y, en concreto contra el cultivo del arroz dorado, una variedad transgénica modificada para reducir el déficit de vitamina A. Esta variedad transgénica de arroz tiene el potencial de reducir o eliminar muchas de las muertes y enfermedades causadas por la deficiencia de esta vitamina, un grave problema de salud que causa ceguera y mortalidad infantil. Según datos de la OMS, se estima que hay 250 millones de personas que sufren déficit de vitamina A y que el 40% de ellos son niños menores de cinco años en países en desarrollo. En definitiva, se debe permitir el acceso de los agricultores a todas las herramientas de la biología moderna, especialmente a las semillas mejoradas a través de la biotecnología.

No existe por tanto ninguna evidencia científica de que los transgénicos tengan un impacto negativo en la salud o el medio ambiente, más bien todo lo contrario. Los OMG han revolucionado la investigación biomédica, y gracias a las modificaciones genéticas de animales, plantas y microorganismos somos capaces hoy en día de curar muchas enfermedades. Por ejemplo, muchos medicamentos, como la insulina, el interferón o la hormona del crecimiento se obtienen de bacterias modificadas genéticamente. 

En una “zona libre de transgénicos”, 
¿se prohibirá la venta de insulina a los diabéticos en las farmacias?

Los cultivos transgénicos no son solo los resistentes a los herbicidas, sino también los resistentes a las plagas, al frío o a la sequía. Declarar una “zona libre de transgénicos” es afortunadamente imposible. La ley obliga a etiquetar solo los productos utilizados en la alimentación. De esos, en España solo se siembra uno, el maíz MON810, pero en la Unión Europea se importan casi 50 (soja, maíz, colza, …), que se utilizan principalmente para piensos en el ganado, aunque en un supermercado se pueden encontrar muchos productos de origen transgénico que usamos en la vida cotidiana: desde las proteasas que se utilizan en la solución para lavar las lentes de contacto, o las celulasas para darle el toque de lavado a la piedra a los pantalones vaqueros, hasta las enzimas que se utilizan para tratar zumos o harinas. La ropa de algodón que usamos o el papel de los billetes de euro están fabricados con transgénicos.

Declarar una “zona libre de transgénicos” no tiene ningún sentido. Confiemos en que en Pamplona, por el bien de toda la ciudadanía, podamos seguir viviendo sin preocuparnos por un problema que NO existe.

Firman, por orden alfabético:

Alonso Casajús, Nora (CEO de Iden Biotechnology)

Ariño, Arturo H. (Profesor de Ecología, Universidad de Navarra y UNED)

Armentia, Javier (Director del Planetario de Pamplona)

Arocena Vélez, Ion (Director General de la Asociación Española de Bioempresas, ASEBIO)

González Aseguinolaza, Gloria (Directora del programa de Terapia Génica del CIMA-Universidad de Navarra)

Grilló, María Jesús (Investigadora y Representante Institucional del CSIC en Navarra)

Jauregui, Javier Ignacio (Director Servicios Tecnológicos, CNTA)

Lasa Uzcudun, Iñigo (Catedrático de Microbiología, Universidad Pública de Navarra, Director Navarrabiomed)

López-Goñi, Ignacio (Catedrático de Microbiología, Universidad de Navarra)

Pisabarro de Lucas, Gerardo (Catedrático de Microbiología, Universidad Pública de Navarra)

Ramírez Nasto, Lucía (Catedrática de Genética y Mejora Vegetal, Universidad Pública de Navarra)

Sevilla, Joaquín (Responsable de Divulgación del Conocimiento, Universidad Pública de Navarra)

Solano Goñi, Cristina (Profesora Titular de Microbiología, Universidad Pública de Navarra)

Vizmanos Pérez, José Luis (Catedrático de Genética, Universidad de Navarra)

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lunes, 19 de marzo de 2018

Burbujas fosilizadas



Burbujas de oxígeno de hace 1.600 millones de años

Mira esta fotografía. ¿Sabes lo qué es?


Según los autores (1) esas estructuras globulares son burbujas de gas atrapadas hace unos 1.600 millones de años en un estromatolito fósil formado por tapetes microbianos de cianobacterias. Cada “burbuja” mide entre 150-200 micras.

En este trabajo han analizado los estromatolitos de la formación Chitrakoot (en el centro de India) de la época del Paleoproterozoico, la primera era geológica de las tres que componen el Eón Proterozoico y que comienza hace 2.500 millones de años y termina hace 1.600 millones de años durando 900 millones de años. Es en esta era cuando los continentes se estabilizaron por primera vez y se produjo la Gran Oxidación. Según los autores esas pequeñas estructuras corresponden a las burbujas de oxígeno que desprendieron las cianobacterias que realizaban una fotosíntesis muy activa hace millones de años. En esta otra fotografía se muestran esas mismas estructuras vistas con un microscopio electrónico de barrido.




La Gran Oxidación, también llamado Catástrofe o Crisis de Oxígeno, fue un cambio medioambiental excepcional que ocurrió en nuestro planeta hace alrededor de 2.400 millones de años. ​Desde que se originó la vida en la Tierra (hace unos 3.800 millones de años) hasta ese momento, el ambiente terrestre era anaerobio, sin oxígeno, reductor. Es decir, durante los primeros 1.400 millones de años la vida fue sin oxígeno. Los primeros microorganismos fotosintéticos realizaban una fotosíntesis anoxigénica, en la cual no se desprende oxígeno, tal como hacen en la actualidad las bacterias verdes y púrpuras.

El oxígeno que respiramos se originó por el metabolismo de las cianobacterias

¿De dónde proviene el oxígeno que cubre actualmente la superficie terrestre? La hipótesis más aceptada es que un tipo de bacterias ancestrales desarrollaron una nueva capacidad metabólica: realizar una fotosíntesis oxigénica con producción de oxígeno molecular (O2), como la que realizan actualmente las plantas y algas verdes. Esta bacterias, denominadas cianobacterias, aparecieron hace unos 2.800 millones de años. La emisión de oxígeno se fue acumulando y provocó una auténtica crisis ecológica, la extinción masiva de gran parte de la biodiversidad microbiana de la época, para la que el oxígeno le era tóxico. [La aparición del oxígeno debió ir acompañada de la aparición de nuevos sistemas enzimáticos para neutralizar las formas tóxicas del oxígeno: catalasa, superóxido dismutasa, …].

¿Y existen fósiles de aquella época en la que solo existían microbios? Pues si: los estromatolitos. Son estructuras minerales laminadas de origen biológico, finamente estratificadas originados por la producción, captura y fijación de partículas carbonatadas por parte de comunidades de microbios, principalmente cianobacterias. Su aspecto a simple vista es como si fueran una roca, pero si nos fijamos bien y los examinamos al microscopio podemos distinguir muchas capas superpuestas en finas láminas apiladas unas sobre otras en las que sólo la capa más superficial contiene organismos vivos. En realidad estas rocas son el resultado de la unión de comunidades microbianas, que viven en mares cálidos y en aguas poco profundas. Las rocas se forman muy lentamente, capa sobre capa, al morir las células de una capa, depositan carbonato cálcico y otros sedimentos sobre la capa anterior y se formar sobre ellas una nueva capa viva.

Las cianobacterias son bacterias fotosintéticas que liberan oxígeno, fijan el CO2 atmosférico y forman carbonatos que, al precipitar, dan lugar a la formación de los estromatolitos. Además de las cianobacterias, en los estromatolitos actuales se pueden encontrar otras bacterias, como bacterias verdes no sulfurosas, algas verdes y diatomeas, hongos y otros seres vivos que pueden llegar a calcificar dentro de la estructura. Son por tanto comunidades laminares de microorganismos que forman tapetes microbianos.

Los estromatolitos son los fósiles más antiguos que se conocen

Pero además, los estromatolitos pueden fosilizar. De hecho hay estromatolitos fósiles de todas las épocas geológicas y fueron muy abundantes hace entre 3.400 y 2.400 millones de años, hasta hace unos 700 millones de años, fecha en la que en su mayoría desaparecieron bruscamente. Los estromatolitos más antiguos se han encontrado en Warrawoona (Australia) y tienen unos 3.500 millones de años. Aunque recientemente se han descrito otros en Groenlandia de hace 3.700 millones de años de antigüedad. Son, probablemente, la evidencia de vida más antigua que se conoce en la Tierra.

Los descritos en esta publicación (1) son de hace unos 1.600 millones de años, pero lo curioso es que contienen los huecos que dejaron burbujas de oxígeno que produjeron las cianobacterias. Puede ser la evidencia fósil más antigua de aquella Gran Oxidación que cambió por completo la superficie terrestre.