lunes, 21 de diciembre de 2020

La nueva variante “inglesa” de SARS-CoV-2

Los virus viven mutando

La gente al oír “mutante” se asusta, piensa que un mutante es siempre un ser perverso y malo. “Si el virus muta, será que se está haciendo más virulento”. Los virus no es que muten, es que ¡viven mutando! Cuando hablamos de virus no estamos refiriéndonos a un individuo, sino a una población. Son miles de millones de individuos que se están multiplicando a una velocidad vertiginosa en constante evolución. Los virus con genoma ARN, como los coronavirus, tienen una  enzima que se encarga de copiarlo, la ARN polimerasa, y que es muy torpe e introduce muchos errores en cada copia: mutaciones. Una población de virus es en realidad una nube de mutantes, con pequeñas diferencias genéticas. En los virus es como si el proceso evolutivo —el cambio y la selección natural— fuera a muy alta velocidad. Por eso es tan fácil que aparezcan nuevas variantes virales en tiempos relativamente cortos.

Se ha dicho que los coronavirus mutan menos que el virus de la gripe. Quizá esto tiene que ver con que, a diferencia de la gripe, los coronavirus tienen un solo fragmento de ARN monocadena relativamente grande de unos 30 Kb. Los coronavirus no pueden permitirse muchos errores o mutaciones durante su replicación, y poseen una enzima que repara algunos de los errores que vaya introduciendo su ARN polimerasa. Es la razón por la cual, aunque como todos los virus el SARS-CoV-2 vive mutando, parece que es bastante más estable que otros virus con genoma ARN. Se ha calculado que este coronavirus acumula una media de dos mutaciones al mes.

Por primera vez en la historia estamos siguiendo la evolución en directo de un virus 

Según consta en la web de GISAID existen ya cerca de 275.000 secuencias genómicas de SARS-CoV-2 compartidas en su base de datos. Varias decenas de miles se han analizado y comparado para poder seguir a tiempo real la evolución de los genomas de coronavirus en todo el planeta. Cuando se comparan los genomas de aislamientos del coronavirus con la cepa original aislada por primera vez en Wuhan, se han detectado miles de mutaciones. La inmensa mayoría son variantes genéticas sin ningún efecto biológico, fruto de la deriva normal de un virus. Las que más preocupan son las que afectan al gen que lleva la información para la proteína de la espícula del virus, la proteína S, porque es la llave que abre la puerta de entrada a las células (la proteína que interacciona con el receptor celular ACE2). Se han detectado más de 4.000 mutaciones en ese gen. 


La nueva variante “inglesa” de SARS-CoV-2

En las últimas semanas ha habido un rápido aumento del número de casos de COVID-19 en el sureste de Inglaterra. Cuando se han analizado las secuencias de los genomas de los virus aislados se ha encontrado que muchos de ellos pertenecían a una nueva variante del virus. Esta nueva variante se ha denominado VUI 202012/01 (Variant Under Investigation, año 2020, mes 12, variante 01) y presenta 29 mutaciones en el genoma, respecto al genoma de referencia. Esto ya supone un número mayor de mutaciones de lo esperado (a un ritmo de dos mutaciones al mes, lo esperado es que una nueva variante haya acumulado no más 22 mutaciones). Las mutaciones más importantes en esta variante son dos deleciones (en posición 69-70 y 144) y siete sustituciones de aminoácidos  denominadas N501Y, A570D, D614G, P681H, T716I, S982A y D1118H (más abajo te explico que significan estas siglas). Son significativas la mutación N501Y que afecta a la zona concreta de la proteína S que se une al receptor (RBD, receptor binding domain) y la P681H que se sitúa justo al lado del sitio de escisión por la furina. La mutación D614G ya se había descrito hace meses, y se había sugerido que tenía una ventaja selectiva, por aumentar la infectividad celular. De hecho es la mutación dominante en la mayoría de los aislamientos actuales, aunque sin efecto en la severidad de la infección. En Sudáfrica se ha aislado otra variante con la mutación N501Y y dos mutaciones adicionales en la zona RBD, pero que no tiene relación filogenética con esta variante inglesa. Es por tanto una variante distinta. Esto sugiere que este mutación N501Y no debe ser un fenómeno raro y ha ocurrido en varias ocasiones. 


Este número inusual de mutaciones en el gen S que tiene la nueva variante parece que ha podido surgir por un fenómeno de presión selectiva, y no por una  acumulación de mutaciones en el tiempo. Aunque no se tienen datos experimentales, se ha sugerido que el origen podría estar en una infección prolongada en un paciente inmunocomprometido donde el virus haya podido aumentar su frecuencia de mutación. Otra posibilidad es que se deba a un fenómeno de adaptación en otra especie animal susceptible y que de ahí se haya transmitido de nuevo al ser humano. También podría ocurrir que esta variante haya circulado antes en otros países donde no se disponga de un sistema de vigilancia y secuenciación y haya pasado desapercibida hasta ahora. De hecho, esta variante se detectó por primera vez en septiembre en Inglaterra y se ha descrito algún aislamiento en Dinamarca, Holanda, Bélgica y Australia. No sabemos si apareció espontáneamente en Inglaterra o si es importada. Y no se puede descartar que ya esté mas extendida por otros países y no se haya detectado.

En este momento no hay datos que indiquen un aumento de la gravedad de la infección, por lo que decir que esta variante es más virulenta no es correcto

Cuando se detectó en septiembre, el 26% de los aislamientos en Londres eran portadores de esta variante. Ahora en diciembre, son más del 62%. Esta variante, por tanto, puede ser más transmisible que las anteriores, y se ha estimado un incremento de transmisibilidad de más de un 70%. Sin embargo, debemos recordar que transmisibilidad y virulencia son cosas distintas. Ninguna de las variantes genéticas que se han ido describiendo en estos últimos meses han supuesto un aumento de la virulencia. Por el contrario, la variante 19B que se detectó en Singapur en primavera era menos grave y acabó desapareciendo. Ahora, la mayoría de los aislamientos de esta nueva variante inglesa han ocurrido en menores de 60 años, y no sabemos qué efecto puede tener en la gravedad de la enfermedad.

¿Por qué preocupa la aparición de esta nueva variante?

Las variantes anteriores han surgido en periodos en los que había baja prevalencia (bajo número de casos por 100.000 habitantes) sin una clara ventaja adaptativa. Sin embargo, en este caso ha ocurrido en un periodo donde el número de casos era elevado, lo que sugiere que esta variante puede tener una cierta ventaja selectiva frente a otras. Es preocupante que esta variante se ha incrementado de forma exponencial durante un periodo en el que Inglaterra mantenía estrictas medidas de confinamiento. Que esta variante, que parece más contagiosa, sea predominante en una fechas donde se incrementan los viajes y los contactos familiares, es motivo de preocupación.

Por eso, es necesario incrementar la vigilancia epidemiológica para identificar qué variantes están circulando en cada país y poder hacer un seguimiento de esta variante concreta. Es necesario investigar qué efecto puede tener esta variante en la virulencia del virus y si se relaciona con una mayor gravedad de la enfermedad, algo que de momento se desconoce. Habría que revisar cómo estas mutaciones pueden afectar a los sistemas de diagnóstico mediante PCR, sobre aquellos que emplean dianas especificas contra el gen S. Y si esta variante se relaciona con un mayor número de reinfecciones. 

No sabemos en este momento cómo podría influir en la efectividad de las vacunas, aunque es probable que muy poco. La mayoría de las vacunas inducen anticuerpos neutralizante contra varias zonas de la proteína S, además de activar la inmunidad celular, así que es improbable que una mutación puede cambiar la efectividad de las vacunas. No obstante, es algo que habrá que seguir evaluando de cerca, porque no se puede descartar que con el tiempo y si se siguen acumulando mutaciones las vacunas deban ser modificadas. 

La recomendación es evitar que esta variante se extienda, por lo que se recomienda no hacer viajes no esenciales. Pero, no tengo muy claro si en este momento el cierre completo de comunicación con el Reino Unido esté justificado por la aparición de esta nueva variante, cuando es muy probable ya esté presente por muchos países. No debería cundir el pánico, el virus ya es lo suficientemente contagioso y peligroso como para extremar las medidas de precaución. 

Te recomiendo este video de Vincent Racaniello donde explica muy bien (en inglés) por qué no podemos concluir que las nuevas variantes genéticas del coronavirus son más peligrosas o contagiosas:




(*) Los números hacen referencia al número del aminoácido en la proteína y las siglas al tipo de aminoácido. Así, por ejemplo, N501Y significa que en la posición 501 se ha sustituido el aminoácido Asparragina (N) por la Tirosina (Y). Otras letras: A, alanina; D, ácido aspártico; G, glicina; P, prolina; H, histidina; T, treonina; I, isoleucina; S, serina. 

Fuentes: 




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sábado, 12 de diciembre de 2020

¿Cómo convencer a una persona que duda de las vacunas?

(Artículo publicado en El Pais el 10/12/2020)

Si acabamos obligando a vacunar es que hemos perdido la batalla de la comunicación

En España no hay grandes movimientos anti-vacunas beligerantes, somos un país muy “vacunofílico”, si es que realmente existe este término. Gracias a la implicación de los profesionales de la atención primaria y enfermería nuestras tasas de vacunación infantil son de las más altas de Europa. Sin embargo, la carrera por la vacunas contra la COVID-19 parece que ha hecho aumentar el número de personas que tienen dudas sobre las vacunas, no solo en nuestro país sino a nivel mundial. Son dudas legítimas, respetables y en muchos casos razonables: algunos dicen “Yo no me pondría las primeras vacunas porque se han hecho muy deprisa y dudo de su seguridad” (una versión del “Asómate tu antes que a mi me da la risa”).


Esta desconfianza de las vacunas es un tema muy preocupante. Por una parte, si no llegamos a unas tasas de vacunación superiores al 60-70% su efectividad se verá comprometida. Pero, lo que es peor, si esas dudas continúan se puede perder la confianza en la vacunación en general y eso puede tener unas consecuencias desastrosas en el futuro, porque las vacunas han salvado millones de vidas a lo largo de la historia. Este próximo 2021 puede ser el año de las vacunas, pero si lo hacemos mal puede ser también el peor año para la vacunación.

Tan importante como desarrollar la logística necesaria para la vacunación masiva, es un plan de comunicación

Para convencer a la gente que tiene dudas (la batalla contra el anti-vacunas ni me la planteo), son fundamentales dos cosas: transparencia y rigor. Uno no se vacuna porque se lo recomiende el presidente del gobierno o por los informes (a veces poco transparentes y difíciles de entender) de las empresas que fabrican las vacunas. Durante esta pandemia en concreto hemos asistido a un bochornoso rifi-rafe político que ha conseguido que uno se adhiera a determinadas medidas según el político que las proponga, en vez de por razones sanitarias y científicas objetivas. La crispación ha sido tremenda y eso genera gran desconfianza en los políticos: cuanto menos hablen de vacunas, mucho mejor. Tampoco ha ayudado la carrera bursátil entre las empresas fabricantes: parece que la eficacia de una vacuna se ha empleado más por motivos económicos que científicos.

Uno se debería vacunar por convicción, porque las vacunas están avaladas por las agencias reguladoras independientes que son las que al final las autorizan para su uso en la población. Las mismas agencias que regulan el uso del antibiótico que administras a tu niño cuando está enfermo, el medicamento que se emplea para tratar el cáncer o la anestesia que se te administra durante una operación. Ningún medicamento es 100% seguro en toda la población, porque cada uno de nosotros somos diferentes (por eso la medicina personalizada es el futuro). Hay gente que se ha muerto porque un antibiótico o una anestesia le ha producido una reacción alérgica. Pero no hay movimientos anti-antibióticos o anti-anestésicos. Las vacunas son diferentes. La mayoría son preventivas y se administran a personas sanas. Por eso, toleramos mucho menos cualquier efecto secundario, por pequeño que sea. Y por eso mismo son los medicamentos más regulados, vigilados y seguros que existen. 

Las vacunas son los medicamentos más regulados, vigilados y seguros que existen

En condiciones de emergencia, como es esta pandemia (te recuerdo que llevamos ya 1,5 millones de muertos y probablemente sean mucho más), se agilizan los procedimientos para autorizar el uso de nuevas vacunas. Varias son las causas por las que en menos de uno o dos años vamos a tener varios candidatos en el mercado, cuando el proceso normal suele durar más de diez años de media:

i) no se parte de cero, ya había varios grupos de investigación trabajando en proyectos de vacunas para virus similares (Ébola, Zika, SARS, MERS, …);
 
ii) algunos de estos proyectos con otros coronavirus ya habían llegado hace años a fase clínica I, y se ha tenido en cuenta esa experiencia previa;

iii) se ha invertido una cantidad de dinero como jamás se había hecho en la historia de la ciencia, lo que ha permitido realizar los experimentos con mucha mayor rapidez; 

iv) está habiendo una colaboración internacional también única en la historia, entre universidades, centros de investigación, empresas farmacéuticas, gobiernos y ONGs;

v) las agencias reguladoras lo han priorizado mediante un sistema de evaluación continua, reduciendo la burocracia y los tiempos de espera, pero sin saltarse ninguna etapa; 

vi) se han podido solapar fases clínicas I y II, de manera que antes de finalizar una se ha comenzado la siguiente;

vii) la fase clínica III ha reclutado varios miles de voluntarios de varios países y grupos diferentes, por lo que sus resultados son estadísticamente más significativos que en otros ensayos;

viii) la fabricación de las vacunas se está haciendo asumiendo un riesgo: se están fabricando hace meses sin saber si finalmente se van a aprobar, por eso pueden salir al mercado nada más recibida la autorización.

Además, una vez que sabemos que las vacunas son seguras y eficaces en las fase clínicas anteriores, no hay que olvidar que después continúa una fase IV de vigilancia, para seguir evaluando su seguridad (posibles efectos secundarios muy poco frecuentes que es imposible detectar con miles de voluntarios pero que se ponen de manifiesto cuando se prueba en millones de personas), y su efectividad (si realmente funciona en el control de la epidemia).  Por eso, no nos debe extrañar, como ocurre con otros medicamentos, que alguna vacuna se pueda llegar a retirar del mercado posteriormente, si se detecta que no es segura o efectiva.

Además, las agencia evaluadoras valorar el riesgo-beneficio: el beneficio de la vacuna debe ser mayor que el riesgo del coronavirus. Uno debería valorar qué prefiere: más de 74.000 muertos que está dejando el coronavirus y sus “efectos colaterales” en España o algún caso de efecto secundario grave por la vacuna. La probabilidad de que te contagies con SARS-CoV-2, de que enfermes y tenga consecuencias graves e incluso mortales y de que contagies a otros, es mayor que los posibles efectos secundarios que puede tener la vacuna. Yo me vacuno para proteger también a mi hija que está embarazada, a mis nietos que son pequeños y a mi suegra que tiene ya más de 80 años. 

La comunicación debería basarse en la transparencia, el rigor y la libertad: la vacunación no es obligatoria en España, tú eres libre, tú decides, pero déjame que te explique cómo se hacen las vacunas, cómo funcionan y por qué creo que son seguras y deberías vacunarte. Luego, tú, libremente, decides si quieres vacunarte. Si acabamos obligando a vacunar es que hemos perdido la batalla de la comunicación.

sábado, 5 de diciembre de 2020

Decálogo para una Navidades (más) seguras

Responsabilidad y sentido común

No hemos vencido al virus. La probabilidad de una tercera ola es muy alta. No se trata solo de tener camas de UCI disponibles. Alrededor de una cama de UCI hay más de una decena de profesionales y, a veces, las guerras se pierden por agotamiento. Nuestro sistema sanitario está agotado.

En los próximos meses puede coincidir el SARS-CoV-2 con otros virus respiratorios como la gripe y otros patógenos que causan neumonías. Todos los años las enfermedades infecciosas respiratorias causan millones de muertos. De hecho, la tasa de muerte es estacional: muere más gente en invierno que en verano. 




Hasta que la mayoría de la población esté inmunizada o vacunada, tenemos que seguir teniendo mucho cuidado con este virus. De lo contrario, este invierno puede ser catastrófico y haber una auténtica carnicería. Quizá lo más recomendable sería un cerrojazo total. En Italia las medidas son mucho más restrictivas. En Estados Unidos están teniendo un aumento de defunciones después de las celebraciones de Thanksgiving (Día de Acción de Gracias), lo equivalente a nuestras Navidades en cuanto a reuniones familiares. Pero en occidente hemos decido convivir con el virus hasta que lleguen las vacunas.

Este virus es silencioso y puñetero. Se transmite por vía aérea, por aerosoles. La transmisión por aerosoles te la tienes que imaginar como el humo del tabaco. Cuando alguien fuma a tu lado, imagínate que el humo es el coronavirus. Lo respiras como respiras el humo del fumador. Después de estar un rato a su lado, toda tu ropa huele a tabaco. Pues lo mismo es el coronavirus. Además, antes de que las personas manifiesten algún síntoma de la enfermedad (pre-sintomáticos), pueden ser contagiosas. Y para complicarlo aún más, la mayoría de las personas infectadas nunca presentarán síntomas (asintomáticos), no sabrán que están infectados pero puede transmitir el virus.  La dosis infectiva, la cantidad de partículas virales que se necesitan para iniciar un infección, parece además que es muy baja. Todo esto explica el tremendo éxito que ha tenido este virus para transmitirse con tantísima velocidad por todo el planeta y que sea tan difícil de controlar.

Sabemos qué tenemos que hacer para minimizar el contagio (digo minimizar porque evitar completamente es casi imposible): evitar que el virus entre en nuestros pulmones (mascarilla), evitar la entrada por tocar objetos contaminados (higiene de manos), evitar respirar cerca de otras personas (distancia). Sabemos que lugares cerrados, con mucha gente, muy junta, con mala ventilación suponen un riesgo de contagio mucho mayor. Y sabemos que cuánto más levantemos la voz, mas partículas infecciosas podemos exhalar, por eso hay que evitar gritar o cantar. El factor tiempo también es muy importante, cuánto más tiempo estemos expuestos mayor es el riesgo de contagio.

Si queremos menos COVID-19, más Mascarillas, Manos (higiene) y 
Metros (distancia), menos lugares Cerrados y Concurridos y 
más Ventilación y Vacunas. 

Teniendo todo esto en cuenta, estás Navidades:

1. Lo mejor sería no juntarse y cuánta menos gente mejor: cinco, mejor que diez. Prioriza: mejor sólo con gente con la que convivas. Si tienes cualquier síntoma: ¡no vayas!

2. Recíbelos con hidroalcohol, lavados de manos frecuente. Demuestra todo tu cariño, pero mejor sin besos y abrazos.

3. Usa mascarilla todo el tiempo que puedas. En sitios cerrados mejor una FFP2. Si te la quitas, no la dejes encima de la mesa, usa una bolsita de plástico o mejor un sobre de papel.

4. Si es posible, sentaos en sitios alternados (en zig-zag) para que no haya nadie en frente de ti.

5. Mejor que sirva la mesa una sola persona (pero, ojo, no tiene por que ser tu madre, puedes ofrecerte tú mismo). Mejor no compartir platos, nada “al centro”.

6. No brindes tocando las copas y no mezcles y confundas los vasos: bebe de tu copa.

7. Procura no levantar mucho la voz, cantar o gritar. Si pones música que no esté muy alta, para no tener que forzar la voz y evitar aerosoles.

8. Si puedes, recuerda que siempre mejor en el exterior que en el interior. Si no puedes, procura ventilar con frecuencia: que corra el aire.

9. Si alguno fuma, que lo haga en el exterior.

10. Cuida especialmente a los más vulnerables: personas mayores o con enfermedades.

Respecto a las compras de Navidad, se aplican los mismos criterios: evita lugares muy concurridos, con mucha gente, planifica tus compras para que no sean en horas punta y no tengas que pasar mucho tiempo dentro del establecimiento, ve a “tiro hecho”, y ¡apoya al pequeño comercio local!

Vamos a intentar disfrutar y celebrar la Navidad, pero de la forma más segura que podamos, con responsabilidad y sentido común

Un grupo de colegas ha publicado una guía de recomendaciones para estas Navidades, vale la pena leerla despacio y compartirla:


 

martes, 17 de noviembre de 2020

¿Por qué debemos seguir confiando en las vacunas?

En cuestión de unos pocos días se han hecho públicos varios comunicados de prensa que anunciaban la eficacia de las primeras vacunas contra la COVID-19. Primero fue la vacuna de Pfizer/BioNTech con una eficacia del 90%, unos días después le siguió la rusa Sputnik V con un 92% y ahora la de Moderna con 94,5%. Son noticias muy buenas y resultados excelentes: eficacias de más del 90% para una vacuna es algo extraordinario y, en principio, nos debería llevar al optimismo. Sin embargo, más parece una guerra comercial para ver quién tiene la vacuna más larga y está suscitando bastante recelo en parte de la ciudadanía.

La mayoría de las vacunas se administran cuando estás sano, por eso son uno de los medicamentos más regulados, vigilados y seguros que existen. No deberíamos olvidar que un comunicado de prensa es publicidad y que no son las empresas fabricantes de vacunas las que autorizan su empleo, sino las agencias reguladoras. Los resultados todavía son preliminares y seguimos a la espera de los informes científicos detallados que debería ser públicos cuanto antes.

Los programas de vacunación han contribuido a que el número de casos y de muertes por enfermedades infecciosas hayan disminuido de forma significativa en el último siglo. Las vacunas han salvado millones de vidas humanas. En general, las coberturas vacunales o tasas de vacunación infantil siguen creciendo a nivel mundial, lo que indica que la vacunación es una medida de salud pública ampliamente aceptada. Sin embargo, los movimientos antivacunas han sido responsables de la disminución de las tasas de aceptación de las vacunas y del aumento de brotes de enfermedades infecciosas que se pueden prevenir con las vacunas. Entre los extremos de los movimientos antivacunas que rechazan totalmente la inmunización y los entusiastas provacunas, cada vez hay más personas que dudan y que se sienten inseguras por la vacunación. En una reciente encuesta realizada para el periódico El País, en la población española el 24% se vacunaría lo antes posible contra la COVID-19, pero el 37% optaría por esperar un tiempo antes de hacerlo, un 21% solo se vacunaría de ser estrictamente necesario y el 13% ni se plantea hacerlo.

La manera en la que se está comunicando este proceso de obtención de vacunas es muy preocupante. Si no se actúa con absoluta transparencia, le gente puede perder la confianza en las vacunas en general y entonces tendremos un problema muy grave. Muchos de los que dudan de las vacunas no son unos negacionistas extremistas reaccionarios antivacunas, son gente normal, como tú y yo, que simplemente tiene dudas o no se fían de lo que ven en los medios de comunicación. Son dudas legítimas que hay que abordar con respeto. Tampoco ayuda en todo este asunto la presencia de algunos políticos que se presentan como defensores de las vacunas. Algunos han hecho de la mentira una herramienta política, lo que les resta credibilidad en este tema tan importante (¿por qué me voy a fiar de ti ahora, si me has mentido en otras ocasiones?).

Este aumento de la desconfianza en las vacunas es muy preocupante porque para el éxito de las campañas de vacunación se debe mantener una cobertura vacunal alta. Se debe conseguir que lo normal sea que una persona se vacune. La vacunación es una medida individual pero que beneficia a la comunidad. A diferencia de otras intervenciones preventivas, si una persona rechaza las vacunas no solo pone en riesgo su propia vida sino también la de los que le rodean, de los más débiles, los enfermos y los ancianos. Luchar contra la oposición o la duda de las vacunas es un problema comunitario.

¿Cómo sabemos que una vacuna es segura y funciona?

Antes de poder comenzar los ensayos clínicos con humanos, se comprueba en el laboratorio que la vacuna no es tóxica y no produce efectos secundarios en cultivos celulares y en modelos animales. Normalmente, se aplican dosis superiores a las que se usarían en humanos y se comprueban los posibles efectos adversos. Se estudia también en modelos animales si la vacuna induce la producción de anticuerpos —si activa las defensas— y si es capaz de proteger frente a una infección experimental. Como los humanos somos muy diferentes a un ratón de laboratorio, a veces una vacuna que funciona muy bien en animales no funciona en el ser humano. Si los resultados de este desarrollo preclínico son satisfactorios, se solicita a las autoridades sanitarias el permiso para comenzar las fases clínicas de la experimentación con seres humanos. 

Los ensayos clínicos en humanos se dividen a su vez en varias fases. La fase I consiste en evaluar la seguridad de la vacuna (que no es tóxica ni tiene efectos secundarios graves en las personas) y la inmunogenicidad (su capacidad de inducir una respuesta inmune, producción de anticuerpos e inmunidad celular). Se suele hacer con unos pocos voluntarios sanos (entre veinte y cien). Si los resultados son satisfactorios, se puede pasar a la fase II, en la que se vuelve a evaluar la seguridad e inmunogenicidad de la vacuna pero con un mayor número de voluntarios (entre cien y doscientos). Se tiene en cuenta también cómo puede afectar la edad y el sexo de la persona, y se suelen ensayar varias dosis. Pero todavía realmente no sabemos si la vacuna funciona. Podemos ya saber si tiene algún efecto tóxico o secundario e incluso si estimula las defensas, pero no sabemos si realmente esa estimulación es suficiente como para protegernos contra la infección. Si los resultados siguen siendo satisfactorios, se autoriza avanzar a la fase III, en la que ya se prueba la eficacia de la vacuna. En esta fase III intervienen ya un buen grupo de voluntarios (en algunos casos varios miles) y se prueba y compara la eficacia de la vacuna respecto a controles de personas sin vacunar a los que se les ha inoculado un placebo. Aparte de verificar su eficacia, se determina también si hay alguna toxicidad o efecto secundario previamente no detectado. Para evitar sesgos, los ensayos se hacen sin saber hasta el final a quién se ha vacunado y a quién no (el grupo control): es lo que se llaman ensayos «doble ciego». Evidentemente, en esta fase no se infecta deliberadamente a los voluntarios, sino que se les deja que continúen con su vida y se espera que algunos de ellos se infecten de forma natural. Cuando esto ocurre, se comprueba quién estaba vacunado y quién no, y de ahí se estima cuál es la eficacia de la vacuna. Esto es, por ejemplo, lo que han anunciado Pfizer/BioNTech y Moderna (se les infectaron de COVID-19 90 y 95 voluntarios, respectivamente, de los cuales la mayoría estaban sin vacunar). Durante todo el proceso los resultados son evaluados por agentes externos, que van dando su visto bueno y la autorización para pasar de una fase a la siguiente. Cualquier resultado adverso sobre la seguridad o eficacia de la vacuna supone suspender los ensayos. Además, antes de su comercialización se publican los resultados para que los pueda revisar la comunidad científica.

Si la vacuna finalmente ha pasado todos los «filtros» y se autoriza su comercialización, no hay que olvidar que comienza una cuarta fase de seguimiento epidemiológico. Ningún medicamento es 100% seguro, porque ninguno de nosotros somos 100% idénticos. Por ejemplo, una vacuna que cause algún tipo de efecto secundario grave con una frecuencia muy baja de uno por millón de vacunados, solo se detectará en esta fase de vigilancia. Se trata, por tanto, de detectar posibles efectos secundarios que hayan podido pasar previamente desapercibidos. Estos estudios que se realizan después de que la vacuna haya sido aprobada también tiene como objetivo evaluar su efectividad: cómo funciona en el “mundo real”, comprobar si sirve para controlar la enfermedad. Por lo tanto, una vacuna además de segura, debe ser eficaz y efectiva. El termino eficacia hace referencia a la protección que proporciona la vacuna en los ensayos clínicos bajo condiciones óptimas (de almacenamiento y distribución) en un grupo de voluntarios generalmente sanos y bajo una vigilancia estrecha. Es lo que se estudia en la fase III. Pero eficacia no es lo mismo que efectividad, que hace referencia a la protección que genera la vacuna en condiciones reales, cuando ya ha sido aprobada y se distribuye en la población, en la fase IV. Podría ocurrir que una vacuna sea eficaz en los ensayos clínicos, pero luego cuando se emplea en condiciones reales, su efectividad en controlar la enfermedad sea menor. Con todo esto se consigue, como he dicho, que las vacunas sean los medicamentos más seguros que existen. Esto implica también que no debería extrañarnos que una vacuna que ya está en el mercado, pueda llegar a ser retirada, si se detecta algún problema durante esta fase IV. Esto demostraría que el sistema de vigilancia funciona. 

¿Por qué las vacunas contra la COVID-19 han ido tan rápidos?

Porque estamos en una situación de alerta máxima, inmersos en una pandemia mundial y, probablemente, para volver a una normalidad “normal” cuanto antes necesitemos las vacunas. La mayoría de grupos de investigación que están preparando los prototipos de vacunas venían trabajando y ensayándolos desde hace ya varios años. Por ejemplo, las vacunas basadas en ARN mensajero (como  Pfizer/BioNTech y Moderna) no se han sacado de la manga o inventado la tecnología en unos pocos meses. Es verdad que es la primera vez que esta tecnología llega a un ensayo clínico de fase III, pero estaban trabajando en este tipo de vacunas desde hacía años. Tenemos que tener en cuenta además que jamás en la historia se había invertido tantísimo dinero en la fabricación de vacunas, y ha habido una colaboración internacional entre centros de investigación, universidades, empresas farmacéuticas y gobiernos sin precedentes. Se han agilizado los procedimientos y autorizaciones, pero sin saltarse ninguna fase, en algunos casos se ha permitido solapar fases clínicas. Además, hace ya meses que se está trabajando en la fabricación a gran escala de estas vacunas. Una apuesta arriesgada, si tenemos en cuenta que todavía no sabemos cuál será su eficacia y efectividad. Pero, insisto, no son las empresas fabricantes de vacunas las que autorizan su empleo, sino las agencias reguladoras.



¿Tenemos que hacer obligatoria la vacunación?

El debate ya ha comenzado. Cuando preguntas si debemos obligar a vacunar, te sueles encontrar con respuestas como “si la vacuna de la rabia es obligatoria para los perros, ¿por qué vacunar a los niños no lo es?”, “si llevar cinturón de seguridad en el coche es obligatorio, ¿por qué no las vacunas?”, “si fumar está prohibido en muchos lugares porque es malo para la salud, ¿por qué las vacunas no son obligatorias si son buenas para la salud?”, “si una persona no vacunada puede poner en riesgo mi salud, ¿por qué no obligan a vacunarse?”, “si es obligatorio llevar mascarilla, ¿por qué no la vacunación?”, …

En España la vacunación es voluntaria, nuestro ordenamiento no incorpora explícitamente el deber de vacunación y nadie puede, en principio, ser obligado a vacunarse. Ahora bien, hay determinadas situaciones, como un brote epidémico o una pandemia, que permiten que los poderes públicos competentes impongan la vacunación forzosa. Para controlar e incluso llegar a erradicar una enfermedad infecciosa, se recomienda que la cobertura vacunal para esa enfermedad sea de al menos el 95% (depende del patógeno en cuestión). 

También parece lógico que si obligas a que se vacunen a personas sanas deberías tener también un sistema de compensación por posibles efectos graves que pudieran surgir. Ya hemos dicho que la probabilidad es muy pequeña, pero cuando vacunas a millones de personas, podría ocurrir algún caso de efecto secundario grave. Una comisión independiente debería ser la encargada de demostrar si existe relación causa-efecto entre la vacunación y ese efecto secundario grave en particular.


Adelantar cambios normativos que impusieran de forma coercitiva la vacunación, podría generar un efecto rebote contrario al pretendido. Obligar quizá, de momento, no sea la solución. Aunque hay formas sutiles: no es obligatorio pero para acceder a un determinado servicio  (guardería, colegio, …) se deber tener la “cartilla de vacunación” al día. Yo personalmente soy más partidario de convencer a la gente de los beneficios de la vacunación. En general, tengo un optimismo moderado con las vacunas contra la COVID-19, pero sí, yo sí me vacunaría con las vacunas contra la COVID-19, … que hayan sido autorizadas por las agencias reguladoras competentes.

Te dejo aquí el enlace a una magnífica charla sobre "Vacunas COVID-19: presente y futuro" de Pablo Sarobe, investigador del CIMA, Universidad de Navarra: 

viernes, 30 de octubre de 2020

Preparados para la próxima pandemia. Reflexiones desde la ciencia.

 Por las familias que no pudieron despedirse

 de sus seres queridos con un último adiós. 

Nunca más.


Ediciones Destino. Colección Referentes. Grupo Planeta. 

¿Y tú qué hiciste durante el confinamiento? Leer, estudiar hablar con muchos amigos, pensar y escribir. Os dejo aquí el prólogo de este pequeño ensayo:

Probablemente el impacto que acabe teniendo la pandemia de COVID-19 en nuestra historia sea incluso mayor que el de los dos grandes eventos que han marcado el final del siglo XX y el inicio del XXI: la caída del muro de Berlín en 1989 y el atentado a las Torres Gemelas del 11 de septiembre de 2001. Aunque ha habido otras pandemias a lo largo de la historia, la tremenda rapidez y el sigilo con los que se ha extendido por todo el planeta el SARS-CoV-2 ha eclipsado otras epidemias recientes. Los estragos que está causando —la pérdida de vidas humanas, la alteración de la cotidianidad de miles de millones de personas y el daño económico— tienen una repercusión trascendental y de largo alcance. Había habido varios avisos sobre la posibilidad de una pandemia, pero esta nos ha cogido prácticamente a todos desprevenidos y sin preparación. 

La falta de liderazgo y coordinación, la excesiva politización, el retraso en la acción, una población envejecida y una década de austeridad y reducciones en la salud pública y la investigación han sido algunas de la causas de que España haya sido uno de los países donde la pandemia ha tenido un efecto más duro. 

La solución solo puede venir de la ciencia y la tecnología: jamás hemos estado mejor preparados para combatir una crisis sanitaria como la actual. En poco más de seis meses conocemos más del nuevo coronavirus que de otras enfermedades en lustros. Pero, por otra parte, la investigación tiene su ritmo y la pandemia también ha puesto de manifiesto las vergüenzas del mundo de la ciencia. El nivel de incertidumbre sigue siendo muy alto. Junto a la valiosísima información que se ha generado también han surgido fraudes, desinformación, malas interpretaciones y bulos interesados. El exceso de información científica ha cuestionado la propia manera de comunicar la ciencia. 

Todavía no sabemos cómo terminará esta historia, quizá sea pronto para hablar de la manera de prepararnos para la próxima pandemia, pues todavía estamos inmersos en esta, pero una mirada crítica desde la ciencia nos puede ayudar a controlar la situación o, al menos, a replantear y repensar algunas decisiones. 

Ha habido distintas estrategias según los países, pero prácticamente todas han tenido un efecto similar, dado que controlar una pandemia es muy complicado, por eso es una pandemia. Sin embargo, la rapidez en la respuesta, la transparencia en la información y la cooperación a todos los niveles son y serán esenciales. Se necesitan líderes capaces de enfrentarse a este tipo de retos globales. Se necesita una apuesta decidida por la ciencia: hay que gastar al menos lo mismo que en defensa porque el enemigo es mucho más peligroso. En estos momentos volvemos a mirar a la ciencia, a la que hemos tenido estrangulada durante décadas. 

Se necesita una visión de la salud mucho más amplia, que incluya al ser humano, la salud animal y el medio ambiente. Ahora más que nunca debemos darnos cuenta de que nuestra acción en el planeta tiene consecuencias globales. Somos parte de un todo y nuestra misión es cuidar de la casa común. 

Estudiar más, investigar más para servir mejor. La ciencia debe estar al servicio del ser humano y del resto de las criaturas del planeta. Las pandemias pueden durar más o menos, pueden reactivarse en oleadas y rebrotes, pero todas han acabado mitigándose. Su intensidad y duración pueden depender de lo que hagamos. Por eso hay motivo para la esperanza.

Índice

Prólogo

¿Puede un virus cambiar el mundo?

La humanidad, una historia de microbios

Ciencia y cooperación

El problema de la ciencia exprés

Ciencia, política y fraude

¿Cómo funciona la ciencia?

Comunicar la ciencia

En busca de un líder

La importancia de la investigación básica

La estrategia One Health

Un desafío ético

miércoles, 14 de octubre de 2020

La gripe desaparece en el hemisferio sur

¿Qué ha pasado con la gripe este año en el hemisferio sur?

Existe una seria preocupación sobre cómo se va a comportar el solapamiento de SARS-CoV-2 con otros patógenos respiratorios frecuentes en los meses de invierno. No podemos descartar una situación de “tormenta perfecta” en la que coincidan SARS-CoV-2 con otros virus, como el de la gripe o el respiratorio sincitial que causan bronquiolitis y neumonías y son responsables de frecuentes hospitalizaciones y muertes en determinados sectores de la población más vulnerable. Se ha sugerido que el riesgo de muerte en personas infectadas por gripe y SARS-CoV-2 de forma simultánea es superior que en aquellas que solo estaban infectadas por el coronavirus, especialmente en mayores de 70 años.

No sabemos qué va a pasar, pero nos podemos fijar en qué ha ocurrido en el hemisferio sur durante Junio, Julio y Agosto de este año, los meses que constituyen la época de gripe en esa otra parte del planeta. Los datos son bastante contundentes: la gripe y otras infecciones virales respiratorias han desaparecido prácticamente del hemisferio sur.

(Fuente: OMS)

Los datos de admisiones a las unidades pediátricas de cuidados intensivos en varios países Latinoamericanos, de niños con problemas respiratorios por infecciones virales por gripe o virus respiratorio sincitial, demuestran que durante la pandemia de COVID-19, ha habido entre un 78 y un 92% de reducción en las admisiones a las UCI debidas a estos virus (ver referencias 1 y 2).

En Australia también se ha descrito una reducción superior al 98% en la detección de gripe y de otros virus respiratorios en niños, a pesar de haberse mantenido las escuelas abiertas (ver referencia 3). También en Nueva Zelanda ha “desaparecido” la gripe: se ha reducido en más de un 99%. 


Comparación de la detección del virus respiratorio sincitial (1a) y del virus de la gripe (1b) en niños, en el área metropolitana de Australia del Oeste en el final del invierno de 2020 (líneas rojas y azul) y la media de los últimos años (2012-2019, línea negra).

Y lo mismo ha ocurrido en Chile: a diferencia de años anteriores, durante el invierno de 2020 sólo se ha detectado el coronavirus SARS-CoV-2. 


Casos de gripe en 2018, 2019 y 2020.



Casos de virus respiratorios (gripe, parainfluenza, respiratorio sincitial, adenovirus, neumovirus y SARS-CoV-2)

Aunque no se pueden descartar otras causas, como una disminución en la capacidad diagnóstica o una interferencia entre ambos virus, muy probablemente las medidas de confinamiento, el uso de mascarillas, la higiene y la distancia social, así como la disminución de viajes y una campaña de vacunación antigripal más intensa han contribuido a mitigar la circulación del virus de la gripe y a reducir su impacto. No sabemos cómo se va a comportar la gripe este invierno en el hemisferio norte, pero estos datos son motivo de esperanza y animan a continuar con las medidas de contención. Quizá en el futuro haya que añadir algunas de estas medidas para reducir el impacto de la gripe en las poblaciones más vulnerables, además de la vacunación, la única herramienta preventiva que tenemos hasta ahora. 



(1) Reduced PICU respiratory admissions during COVID-19. Vásquez-Hoyos, P, y col. Arch Dis Child 2020 Oct 7;archdischild-2020-320469. 

(2) The Impact of the Novel Coronavirus on Brazilian PICUs. Araujo, O., y col. Pediatric Critical Care Medicine. September 14, 2020. doi:10.1097/PCC.0000000000002583


Más bibliografía:

(4) Decreased Influenza Activity During the COVID-19 Pandemic - United States, Australia, Chile, and South Africa, 2020. Olsen, SJ, y col. MMWR Morb Mortal Wkly Rep 2020 Sep 18;69(37):1305-1309.

martes, 13 de octubre de 2020

Ada Lovelace, la primera programadora

Cada año, el segundo martes del mes de octubre se celebra el Día Internacional de Ada Lovelace, con el objetivo de promover el papel de la mujer en el campo de la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas (STEM). Esta celebración pretende visibilizar, reconocer y apoyar a las mujeres que trabajan en alguno de estos ámbitos, e introducir a las mujeres más jóvenes en el mundo de la ciencia y la tecnología.

Pero, ¿quién era Ada Lovelace?

Ada Lovelace Byron vivió entre 1815 y 1852 en la Inglaterra victoriana. Era hija de Lord Byron, pero sus padres se separaron al poco de nacer ella y no tuvo mucha relación con el poeta romántico. Fue educada por su madre en un ambiente aristócrata y distinguido, de forma muy estricta. A los catorce años contrajo una enfermedad grave, probablemente sarampión, que le causó parálisis en las piernas y la obligó a guardar reposo durante un par de años, lo que hizo que dedicara largas horas al estudio y a la lectura.

En seguida comenzó su pasión por las matemáticas. Durante su juventud, madre e hija se relacionaban mucho con conocidos científicos e intelectuales ingleses como Michael Faraday, Charles Dickens o Mary Somerville, la matemática más famosa del país, que durante un tiempo fue su tutora y una gran influencia en su vida.

Con veinte años se casó lord William King, que con el tiempo fue conde de Lovelace, un aristócrata de una familia muy influyente en el país con quien tuvo tres hijos. A partir de ese momento, Ada siempre firmaría como Ada Lovelace.

Para muchos, Ada es considerada como la primera programadora de ordenadores. Conoció a Charles Babbage, otro matemático y científico británico que diseñó y desarrolló una calculadora mecánica capaz de calcular tablas de funciones numéricas. Babbage también diseñó, pero no llegó a construir, la que se denominó “la máquina analítica”, una calculadora mecánica que funcionaba sin la ayuda de un humano y que fuese programable para hacer cualquier tipo de cálculo matemático. 

Ada, fue la primera en intuir lo que el invento de Babbage significaba para el progreso tecnológico. Basándose en la tecnología utilizada en los telares, Ada describió con detalle las operaciones mediante las cuales unas tarjetas perforadas "tejerían" una secuencia de números en la máquina analítica de Babbage. Este código está considerado como el primer algoritmo específicamente diseñado para ser ejecutado por un ordenador, aunque nunca fue probado ya que la máquina nunca llegó a construirse. Sin embargo, de este modo Ada abrió camino a una nueva ciencia, la de la computación de la información.

Las ideas de Babbage y de Ada se publicaron en la revista Scientific Memoirs en 1843, bajo la firma de sus iniciales A. A. L., pero pronto se supo a quién correspondían. Su condición femenina perjudicó su trabajo y los científicos no se lo tomaron muy en serio. En la sociedad de su tiempo se pensaba que las mujeres no estaban hechas para estudiar los fundamentos de las matemáticas ni de otras ciencias. En 1953, aproximadamente cien años después de su muerte, sus notas fueron publicadas bajo su nombre real, se reconoció su aportación y que había creado el primer ejemplo de lo que más tarde se conocería como programación de computadoras o el primer software. 

En 1980 el Departamento de Defensa de los Estados Unidos creó el lenguaje de programación Ada, empleado en aeronáutica y gestión del tráfico aéreo, nombrado así en homenaje a Ada Lovelace. Al año siguiente, la Asociación de Mujeres en Informática inauguró su Premio Ada Lovelace, y desde 1998, la British Computer Society otorga la Medalla Lovelace, el premio más prestigioso en computación en el Reino Unido.

Aquí os dejo un video sobre Ada Lovelace, de la colección "La mujer en la ciencia" del Museo de Ciencia Universidad de Navarra, en colaboración con Women for Science & Technology:

                                                    (https://youtu.be/iNIFE685mHo)

Con la colaboración de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT) - Ministerio de Ciencia e Innovación.



domingo, 11 de octubre de 2020

Transformación digital en tiempos de la COVID-19

Veinte minutos con D. Juan Cruz Cigudosa

Consejero de Universidad, Innovación y Transformación Digital del Gobierno de Navarra

Con motivo de la implantación en Navarra de la aplicación Radar COVID, he charlado un rato con Juan Cruz Cigudosa, con quien compartí unos años en el mismo edificio de investigación de la Universidad de Navarra mientras hacíamos la tesis doctoral, él en Genética y yo en Microbiología.

Hemos hablado de cómo la transformación digital puede influir en estos momentos de la pandemia, de la tecnología 5G, de la brecha digital y el acceso a la innovación y, por supuesto, de la aplicación Radar COVID.

Os comparto aquí, con su permiso, la entrevista. Me quedo con una de sus frases: "Hay que aprovechar la situación actual para promover un pacto social por la ciencia y la tecnología".

Gracias a Juan Cruz por su disponibilidad y espero que os sea interesante:


martes, 22 de septiembre de 2020

Los test de antígenos

No hay un test perfecto. Todos tienen sus ventajas y sus inconvenientes. En otra entrada del blog ya explicamos en qué consistían los tres tipos de test: PCR, antígenos y anticuerpos (ver Test, test, test: los tres test del coronavirus). 

Los test que permiten diagnosticar la infección son los basados en la PCR y en antígenos, porque detectan directamente el virus (el genoma o sus proteínas). Evidentemente que estos test den positivo no implica siempre que el virus esté activo y sea infectivo: podemos detectar su genoma o sus proteínas pero que el virus no esté completo y estemos detectando “restos” del virus. Por otra parte, los test de anticuerpos detectan moléculas producidas por tu cuerpo cuando estás infectado, son por tanto test para evaluar la enfermedad. Que des positivo en cualquiera de estos test no significa siempre que seas infeccioso o que tengas la enfermedad activa. El diagnóstico de una enfermedad no se basa solo en un test microbiológico sino que tiene en cuenta otros aspectos clínicos, los síntomas, otras analíticas. Los test microbiológicos ayudan el médico a diagnosticar una enfermedad.

Recordemos que los test de antígenos confirman la presencia del virus al detectar sus proteínas o antígenos. Hay distintas técnicas o soportes sobre los que hacer este tipo de test, pero en definitiva más o menos todos tienen el mismo fundamento. Sobre un soporte se fijan anticuerpos específicos que reaccionarán contra alguna proteína del virus. Se suele emplear la proteína de la superficie de la envoltura (la proteína S), que se proyecta hacia el exterior. Si en la muestra hay partículas virales, éstas quedarán fijadas al anticuerpo. Es como si el virus o sus proteínas hubieran sido capturados por el anticuerpo. A continuación, se añade un segundo anticuerpo contra el virus de manera que se forme un emparedado o “sándwich”: anticuerpo-virus-anticuerpo. Este segundo anticuerpo estará marcado o señalado de alguna manera para poner de manifiesto la reacción. Si la reacción es positiva, demuestra que había proteínas del virus, es decir que la persona estaba infectada.

Las ventajas de este tipo de test es su rapidez y sencillez, no requiere reactivos caros, ni máquinas ni personal técnico altamente cualificado. Son mucho más baratos que la PCR. Suelen estar manufacturados como un test de embarazo: se toma una muestra de la nariz con un bastoncillo o de la saliva, se añaden unas gotas de un reactivo que extrae los antígenos del virus, se coloca en el dispositivo, y se esperan menos de 30 minutos a que aparezcan las bandas reactivas correspondientes.

Su especificidad (la probabilidad de que una persona sana de resultado negativo) es similar a la de la PCR. Esto quiere decir que el número de falsos positivos es bajo. Pero su sensibilidad (la probabilidad de que un infectado de resultado positivo) es menor que la PCR. Esto significa que pueden dar más falsos negativos que la PCR. La PCR es mucho más sensible que la detección de antígenos: mientras que mediante la PCR (una técnica que lleva consigo una amplificación) podemos llegar a detectar una molécula de RNA viral por microlitro, con los test de antígenos necesitamos miles o decenas de miles de proteínas del virus por microlitro para que el resultado sea positivo. Entonces, ¿por qué decimos que este tipo de test pueden ser una buena herramienta para el diagnóstico?

Al tener una sensibilidad menor que la PCR, los test de antígenos son positivos a concentraciones más altas del virus y eso puede tener su ventaja. Aunque no sabemos exactamente qué carga viral implica que uno es infeccioso o deja de serlo, podemos asumir que cuanto mayor sea la carga viral, mayor probabilidad de que uno sea contagioso. 


(Fuente: referencia 1)

Los test de antígenos pueden resultar muy útiles al principio de la infección, cuando la carga viral es más alta: unos días antes de aparecer los síntomas y una semana después. El problema de la PCR es que es tan sensible que puede seguir siendo positiva varias semanas después de la aparición de los síntomas, por detectar incluso restos del genoma viral no activo, no infeccioso. Los test de antígenos podemos hacerlos con mucha mayor frecuencia: es mejor un test (barato y sencillo) que puedes hacer dos veces por semana, por ejemplo, que otro (más caro y complejo como la PCR) que haces cada dos semanas. 


(Fuente: referencia 2)

El estado de la infección o la enfermedad se debe siempre correlacionar con el historial clínico y con otra información diagnóstica. La interpretación de un test siempre hay que hacerla dentro de un contexto clínico. Por ejemplo, si el test de antígenos sale negativo pero la persona tiene algún síntoma, se podría combinar con la PCR, mucho más sensible. Los test de antígenos pueden ser una herramienta muy útil en atención primaria. Como pueden repetirse con mucha más facilidad que las PCR pueden ser una buena alternativa para monitorizar y hacer un seguimiento en determinados grupos o colectivos: residencia de ancianos, centros sanitarios, colegios, ... Lo que no tengo tan claro es si estos test son útiles para un cribado masivo de asintomáticos.

NOTA: otro tema a tener en cuenta es que existen varias empresas que comercializan test de antígenos y que, aunque el fundamento sea similar, los resultados no tienen que ser exactamente iguales. Los test pueden variar en el tipo de anticuerpos que se empleen, la proteína del virus que detectan o el modo de revelar la reacción: no todos son iguales. La sensibilidad y especificidad pueden ser diferente entre ellos y deberían antes evaluarse. Recordemos el fiasco de los famosos test rápidos chinos que resultaron ser un cuento chino.

 

(1) SARS-CoV-2, SARS-CoV-1 and MERS-CoV viral load dynamics, duration of viral shedding and infectiousness: a living systematic review and meta-analysis. Cevik, M., y col. doi:https://doi.org/10.1101/2020.07.25.20162107 (Preprint)

(2) Fast coronavirus tests: what they can and can’t do. Guglielmi, G. 16 September 2020. Nature.